sábado, 5 de diciembre de 2009

“ENGAÑOS Y MENTIRAS DE OTRO(S) FARSANTE(S) MÁS”

ESTE VERDE PAÍS –Cuentos colombianos
VV.AA.
Cuadernos de Renata # 2
Ministerio de Cultura. Hombre Nuevo Editores. Medellín. Diciembre de 2008. 234 pp.


Fuimos amables con “Cuadernos de renata –antología 2006-2007” (Ministerio de Cultura + Ícono, 2008), quizás por la cascada de vigorosos primeros intentos que adornaban el paisaje literario por aquél entonces, y gozábamos viendo la creciente de posibles nombres a ser considerados en un futuro mediano. La labor que venía ejerciendo el instituto sólo aceptaba dádivas y felicitaciones, y entrar a aguar la fiesta era un despropósito.
¿Pero qué sucedió en el último año, aparte de crecer el proyecto de creación literaria más grande y diseminado de Colombia?
Casi que lo mismo.
La individualidad está fuera de contexto, pasada de moda, mal vista y en una posición –peligrosísima por cierto- políticamente incorrecta; por lo que no queda más que ir hundiéndose de a poquitos en esas estructuras a cuatro, seis, ocho manos. Rubiano dice en la introducción a la tercera parte, que el futuro de la literatura colombiana vendrá de los Talleres Literarios.
Puede ser que el escritor se convierta en profeta, pero siempre se debe poner en duda cuando un tendero patrocina su tienda como la única en dónde se consigue absolutamente todo.
Propagandas aparte, embellecimientos de una labor más humanitaria que literaria, rezagos de un posromanticismo ultradecadente y soropatético, la labor de acompañantes permite a los escritores desencadenar una serie catártica de irracionalidades emocionales monologizando a manera de recuerdo sus experiencias. Tal vez los diarios de los verdaderos profesores mostrarían el otro lado de la luna, pero como se trata de una fiesta, lo repito, es mejor dejar los enconos afuera y entrar a disfrutar….
…¿Pero qué?

Aumentado en 15 nombres, el anterior volumen sólo contemplaba la cifra de veinte, es poco, de verdad, lo rescatable, y cosa curiosa, casi todo en formato anécdota o cuentos que bien podrían encajar a la perfección en el diario de una juiciosa promesa de escritor: “Hoy vi a la señora de los dulces llevando de la mano a su pequeña hija….”
Y claro, son cuadernos, meros esbozos de una carrera que puede que despegue y me haga tragar estas palabras por el bien de la literatura colombiana, santa dónde las haya; pero aparte de tener el presupuesto para llevar a cabo la tercera y cuarta y hasta el infinito número adicional, ¿qué beneficio tiene esto para los nóveles? Saber que están publicados, que el soporte físico los hará sentirse plenos y contentos durante una vida entera quizás, pero presiento que parte del trato brindado por Renata tiene que ser con los siguientes pasos, la sobrevivencia en un medio tan fugaz como el de la áspera narratividad publicada. Los días que uno a uno van conformando eso que se llamará vida, obra o sombra. O los sueños que a partir de adelante tomarán un impulso y dejarán a la orilla de la carretera invisible, por lo demás, los sueños que cubrían parte del espectro piel antes de.

Supongo que una vez iniciado el camino y firmado el contrato, se sabrá parte de la verdad, y Renata tendrá un salón psicológico que atienda a su debido momento.

Aconsejable: “La limosna”, de Milciades Rentería; “El trompo de San Alipio”, de Jesús Calvete; y cierto tono confesional permitido de Silvia Valencia en “Pasaporte a Bolaño”.
¿El estado de la literatura nacional?
Si, corren tiempos pálidos cuando nadie –ahora todos resultan unos cobardes –Leer “La decisión correcta”, de Jorge Hurtado- se atreve a escribir algo para no ser titular de prensa; pero en eso sí meteré la mano: a estos de aquí déjenlos sanos y –empezando por los acompañantes- busquen a los que deben mostrar resultados.
Pero quizás, vaya, estoy tomándome muy en serio algo que no merece nada más que una palmadita en la espalda tras el correspondiente lanzamiento de turno, y aguantar la respiración durante el lapso de tiempo que dure la ausencia para el siguiente título que acumulará polvo y nada más.

Recuerdo a algunos de los autores inverosímiles de “Plup!” (Tarántula, 2007) que jugaban como Medina Reyes con sus datos biográficos, porque en este tomo pasa algo parecido; las palabras autobiográficas sirven para designar la entrañabilidad de turno: “Hizo hasta tercer año de primaria. Luego realizó estudios de tecnología por correspondencia”; “Durante todo este tiempo ha sido un tendero honrado y servicial”; “Hijo de Consuelo Puche Lengua y Domingo Galeano Doria, segundo de cuatro hermanos”; lo que necesita este verde país es escuchar y respetar lo expresado, y una vez el mágico proceso se radique, sí empezar a explorar ese otro lado tan difícil de hallar debajo de cada piedra en cada rincón de una soledad inhóspita que todavía apabulla cuando se nombra.

Pasamos del burro al avión, y ahora hemos de volver a inventar un Mito plural capaz de envolver a una nación desmembrada.
Cristian Valencia, Yolanda Reyes, Pilar Lozano pueden donar sus pieles correspondientes en cada párrafo contando sus lindas experiencias de viajes y hallazgos, pero esa sección titulada “Los Autores” es la verdadera magia necesitada capaz de calmar la sed desde hace tantos pocos años nacida, y a lo que hay que ponerle el ojo para que el azar empiece a hacer su trabajo.
Es decir, dónde el tiempo no importa. Poco o nada, quiero decir.
¿Mañana seremos capaces de reconocer la verdad?
Por el momento, dejo la pregunta abierta para quién quiera atreverse a donar su respuesta.

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