LA MUERTE EN VENECIA
Thomas Mann
La oveja negra. Colombia. Septiembre de 1983. 142 pp
Debía haber un par de líneas que nunca se tocan en torno al por qué vuelvo a leer este libro después de tantos años
Por un lado un recuerdo que se va disolviendo. Un recuerdo de mediados de los 90's y que ya no me interesa pretender guardar con el estado de veracidad porque sencillamente ha dejado de importar porque no representa un gran asunto. Había un tipo llamado Álvaro que a fuerza de llamarlo Rollins he olvidado el apellido. Hay una serie de visitas a su casa cuando ambos estábamos en nuestros años de pregrado básicamente para oír a Pink Floyd. Hay una serie de charla cuando le confío que pretendo escribir. La imagen que tengo es la de él recomendándome Tonio Kröger. ¿La leí? Y no Venecia porque ese man era demasiado homofóbico como para recomendarme semejante obra. El recuerdo ya instalado como un sueño por lo inverosímil y arriesgado y sin sentido pasa a una serie de libros que tuve que leer entre mis 19 y 22 años en esa época en que no conformaba todavía mi biblioteca personal. Libros prestados por personas mucho antes de iniciar mi periplo gracias a las Bibliotecas universitarias y luego públicas. ¿Qué queda de toda esa saga de malas lecturas precipitadas en principio basadas en mi inmadurez cerebral? Un instinto muy fuerte por dedicarme de lleno al Ulises de Joyce. Mann es un autor demasiado grande para mí y por ello no sé muy bien armar un diálogo con Álvaro que sabe que me corcha en ese incipiente y lerdísimo camino que me llevará a creerme que escribo. La respuesta a semejante equivocación llegará 30 años después. Cuando ya nada de lo que viví en 1994 importa demasiado. Excepto la fractura mundial familiar por la muerte de mi señora madre. Pero aquello es otro camino. Anoto ahora el mapa mental de títulos de Marguerite Duras y de Mann. Quizás tarde cuatro o cinco años en completarlo. Quizás me agote antes de finalizar dicho ciclo. Quizás en 2031 apenas esté medio vagabundeando por algunos senderos de libros tomados en préstamo en caso de seguir vivo por supuesto. Y ahí dentra esa segunda parte del por qué me acerqué de nuevo a una bella obra mínima de alguien que para una persona pudo ser el único autor capaz de ganarse dos veces el premio nobel de literatura. La historia es la de un autor en sus cincuentas ya consagrado que en unas vacaciones de repente se traga de un adolescente y queda tan embobado que ni cuenta se da de la peste que circunda el lugar
Cuando discuto con mi señora esposa del por qué seguimos ahí a veces nos vamos a los días de atrás de cuando éramos o por lo menos yo era una persona muy diferente y me atreví a cercarla prácticamente para obtener una relación. Juro que no era para escapar de mi ex novia. Juro que no era un pasaporte para salir en una foto con el propósito de validez social. Creo que he traído un lastre difícil de relación con la gente desde la infancia y justo cuando me gradúo del pregrado ya he de ser una persona distinta. Y por esos años. Aunque he asistido a terapia no se ventila en demasía lo de la salud mental. Juro que era otra persona. Y luego sin darme cuenta empiezo a encerrarme y dejo de tener a personas a mi lado. Los años de la ensalada ayudaron un montón. Pero antes de la pandemia estoy agotado y sin plata para gastar en salidas y sello ese negocio. Me siento feliz. O eso creo. Enfermo. Fallezco. Todo eso que ya he escrito acá. Y como en el grafiti de los 80's. Cuando tengo las putas respuestas me cambian las preguntas y es porque la sobrina de mi pareja consigue un novio en Bogotá. Por lo que tiene que viajar constantemente. ¿De dónde saca la plata? A versen. ¿Y en dónde hijueputas se ven? Acá en la casa. El lío es que la china marica no se puede quedar a) quieta y b) sola. Por lo que la cantidad de personas que empieza a traer a casa a mi lugar secreto y seguro y fiable es inaudita. Medio lo tolero. Me acuesto a las siete de la noche. Me levanto a las dos de la mañana. Salgo a exposiciones cuando vienen por las tardes. Y luego me invitan a unirme a sus paseos pendejos de familia comercial o tradicional y un día de abril estallo. Caos. Disrupción. Me envían a urgencias mentales. Todo el mundo es una mierda menos yo como cantaría Perro Con Kancha. Nadie más va a terapia porque a los maricas tímidos los ponen a hablar pero a los constantes abusivos extrovertidos jamás lo mandan a callar. Toca ceder para que los paseos se sucedan. He de mentirme para quedarme callado y obligarme a comer carne para que la familia tradicional se mantenga firme. Las amistades de la sobrina planean su siguiente cumpleaños para ocupar la casa donde habito. Todo eso en una fracción de segundo. ¿Pero por qué? ¿Por qué me toca a mí?
Hace un par de semanas hice fila y adelante había un chico que tomé por oriental. Limpio. Demasiado blanco y elegante para la hora del desayuno. Lindo quizás para algunos gustos. Y pensé en que a la nueva generación no la mandan al súper a hacer fila ni a pagar servicios porque ya nadie gasta tiempo en cosas tan absurdas que se hacen en línea. Y pensaba que ese era el problema. Que nunca van a conocer personas al azar. Así que me imaginé que por alguna razón la china terminaba haciendo alguna fila y viendo a un tipito que le llamaba la atención y voilà. Más que un hermano con papá y mamá igualiticos a los biológicos se conseguía un amante. Alguien que así como me pasa a ella le pasara eso del desajuste de los sentidos para iniciar una relación tórrida de esas que toca empezar a vivir a cierta edad para volver mierda toda sensación y así experimentar y aprender y vivir y la sinrazón de empezar a alejarse para formalizar su amplitud de vida misma. Razón por la cual decidí acercarme conjuralmente al libro del alemán para que deje de traer gente a casa cuando le de por volver a regresar a la ciudad a verse con gente que ha de traer a casa
Cruzo los dedos para que conozca a alguien de esa manera envolvente y romántica y bobita y tonta y especial y significativa aunque tampoco deseo que todo conduzca a alguna clase de muerte y viva la relación tórrida y emergente y de urgencias y de piernas laceradas y tembleques y de camas rotas allá en su ciudad natal y me deje en paz con sus amigos y ex y hermanitos y gente que ha de visitar acá y me deje en paz
Luego leo con más atención la novela o nouvelle y hay un fragmento:
Hacía ya varios años que el cólera indio venía mostrando una tendencia cada vez más acentuada a extenderse. Nacida en los cálidos pantanos del Delta del Ganges, y llevada por el soplo mefítico de aquellas selvas e islas vírgenes, de una fertilidad inútil, evitadas por los hombres, en cuyas espesuras de bambú acecha el tigre, la peste se había asentado de un modo permanente, causando estragos inauditos en todo el Indostán; después, había corrido por el Oriente, hasta la China, y por Occidente hasta Afganistán y Persia. Siguiendo la ruta de las caravanas, había llevado sus horrores hasta Astracán y hasta el mismo Moscú. Y mientras Europa temblaba, temerosa de que el espectro entrase desde allá por la tierra, la peste, navegando en barcos sirios, había aparecido casi al mismo tiempo en varios puertos del Mediterráneo
Me lleva desde la situación del Covid-19 a la apreciación del cambio geopolítico y monetario o llamado como la muerte del petrodólar para convertirlo en petroyúan y toda la estela de muerte terrible que ha dejado esa dupla significativamente moribunda por lo no elegida conformada entre la USA e Israel. Pero bella en todo caso por formalizar lo que es el vasto mundo conectado así el odio gracias a un abrazo en este caso de fiebre