sábado, 27 de octubre de 2007

EL AGRESOR DISIDENTE

LITERATURA THANÁTICA: BÚSQUEDA DE UNA MEMORIA COMÚN

Pablo García Dussán

Premio nacional de ensayo literario Hernando Téllez 2006

Alcaldía Mayor de Bogotá-Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte. Bogotá. 2007. 102 pp.

García Dussán en algún momento de la segunda parte de este ensayo, “El día del odio y Satanás: una relación social perversa”, dice: “Por lo menos en los últimos cincuenta años, no ha habido imaginario social que colectivamente, de manera simbólica, represente y co-construya la realidad como un espacio de conciliación”, para volver a exponer la inquietud en el capítulo cuarto “Thánatos polis: la inclusión violenta de la voz marginada en el relato nacional”: “Los escritores más destacados de la literatura colombiana de las últimas cinco décadas exponen en sus obras la total ausencia de conciliación nacional.” De la misma manera me pregunto: ¿cuántos ensayos –académicos, literarios, periodísticos- han ocurrido en un lapso menor de tiempo- digamos diez años- que expliquen lo que ocurre con la Lit. Nal., y por ende, con la Lit. Contmp. que se da por escribir en cualquier rincón del mundo?

Apoyado en previos críticos como Ángel Rama, Doris Sommer y Lezama Lima, entre otros, García Dussán se sumerge de lleno en la realidad absoluta que (con)funde a este país, para expresar que, desde la marginalidad, lo perfectamente inidentificable, lo macabramente ignorado, toma el derecho a la voz y se expresa. Y eso es lo que hemos dado a leer hoy en día, que, atendiendo los límites del autor, nos lleva a 1952, con la obra de Osorio Lizarazo, “El día del odio”, para empezar un viaje cercano a una diferente clase de muerte.

“Los latinoamericanos aún tenemos algo para contar por estar metidos siempre dentro de la pesadilla de la historia, con nuestra violencia, nuestras crisis y derrumbes económicos. Somos testigos del colapso de un sistema. Somos testigos del futuro, algo que va a tardar en llegar al primer mundo, pero que va a llegar al fin y al cabo. Necesitamos escribir sobre esa especie de Apocalipsis, esa desintegración de todo lo que se da por sentado", dijo, no hace mucho, el escritor argentino Pedro Mairal.

Eros se contrapone, desde muchos sentidos, a Thánatos, y la propuesta de Doris Sommer, de que las naciones latinoamericanas se fundaron en torno al primero de ellos, no puede respirar en esta era. Las ficciones fundacionales tuvieron su oportunidad de explicar a la comunidad qué representaba algún código expuesto desde los límites narrativos, alcanzando las orillas sacras del Canon, elemento indispensable para atender la cultura nacional, cualquiera que esta fuera.

¿Pero qué sucede cuando los límites se dispersan? ¿Cuándo las intenciones ya no caben dentro de ciertos marcos perfectamente entendibles, y la palabra se sale del cauce mágico?

“Las tendencias literarias actuales se inclinan por lo caótico y lo sórdido”, y es lo que García Dussán ha dado en llamar Literatura Thanática. Ya Mejía Rivera, en “Generación mutante” había tratado de crear conciencia de ese nuevo-viejo capítulo que se abría ante los ojos de los espectadores curiosos e impenitentes. Es evidente que algo sucedió, y que todavía prosigue su marcha, lenta e inexorable, hacía un destino poco conocido por los lectores comunes.

Sí el maestro Germán Espinosa decía que entre los ecos de los setenta y los primeros acordes de la década que le siguió, aquí en Colombia hablar de Literatura era referirse a GGM, ¿cabe señalar ese espacio de tiempo como un vacío en el que pasó de todo y nadie tuvo el valor de contarlo? Puede ser una posibilidad, puede tratarse de una ilusión. Y aunque la intención de esta reseña no se trata de indagar por un nuevo título agregado al brevísimo listado del apartado colombiano, si quiere dejar una semilla regada en un campo desconocido para abrir la existente posibilidad de crear un nuevo capítulo que contenga lo raro, lo frenético, lo potencialmente agresivo, lo thanático, la voz de los caminantes marginales, “la literatura thanática construye idea de nación, memoria e identidad la periferia, desde el margen, insertándose en las grandes editoriales como la oveja negra, como el ángel caído que ha de ser asimilado para su redención social.”

II. “We don't need the key/ we’ll break in”

“La novela actual es inclusiva porque rompe y se opone a la verticalidad. De esto dan cuenta varias características: estructura fragmentaria del tiempo ficcional; degradación del cuerpo; erotismo; hiperrealismo; irreverencia; búsqueda de lo propio en lo universal y conversión de lo privado en lo público.”

“Ya nada es lo que fue”, y no se puede seguir intentando buscar aquello fallecido entre el jardín de germen de radical contemporaneidad: desconcierto, incertidumbre, caos, sordidez, irreverencia, iconoclastas, a-morales, a-sociales, sociópatas, psicópatas, despersonalización, el pánico, desesperanza, delirio, enfermedad, inconformidad, rage against the…

Parece que la función del espectador escritor hoy en día es la co-creación. La apabullante imagen del creador-dios, necesita la ayuda de sus congéneres para dar en el blanco del pesimismo y poder tejer la historia. El único resultado posible es un asomo breve a la identidad de una minúscula región, cualquiera que ella sea, en cualquiera que ella se pose a respirar el vaho de terror que circunda por nuestras auras.

El apartado, el rezagado, el perseguido, el anónimo es quien re-crea la memoria y quien re-toma el idilio –ahora caricaturizado- de una relación con el poder.

Lo individual lleva a lo colectivo, así como Eros está ligado eternamente a Thánatos, por lo que cada escritor es una propuesta de constitución que, el (e)lector puede seguir sin ningún tipo restrictivo, ya él mismo tiene dentro de su mar conciencial, los requisitos impunes para crear su propio auto-gobierno, desacralizando al otro, al auténtico.

III. La raíz fragmentada de todo mal

Ante las ruinas de un mundo conocido, el mapa que nos entregan parece no servir de mucho. El objeto lector, otrora un objeto infinito denominado libro, ahora nos involucra de una forma tan directa que a todas luces resulta perverso.

El fin ha dejado de existir en una gran mayoría de los casos. Autocanibalismo existencial, camino formado con nuestras propias guías, métodos e imaginarios. Individualismo extremo que, irónicamente, necesita del otro para llevarse a cabo.

¿Entonces en qué quedamos?

El ensayo del señor García Dussán reviste de una importantes aclaraciones tan fundamentales que, bajo un incierto precipicio, puede servir de malla de vida, aunque nada puede afirmarse en esta posteridad apocalíptica.

Fundamental para revisar las últimas cinco –secas- décadas de una literatura que se merece una mejor oportunidad sobre la tierra, y vital para afrontar el porvenir de un mundo que aunque huela a cadáver, contiene la suficiente vida para atreverse a intentar cualquier otro propósito.

Parece que no hay nada. Parece que ya no queda nada. pero es a partir de ese único punto en el que todo se puede (y debe) comenzar a hacer, a ser.

Así que la tarea sigue.

Y desde la palabra, que es lo mismo que decir luz, hoy en día, andan indagando por nosotros.

Así que…

¿cuál es el miedo?


1 comentario:

xlacoloniax dijo...

Publicado originalmente en "El Cotidiano", en la columna "Lector Ritual"