sábado, 21 de marzo de 2009

“SER POETA ES MÁS QUE UN DESTINO LITERARIO/TÚ LO SABES”

POESÍA COMPLETA

Raúl Gómez Jattin

Ediciones La Casa De Asterión. Cartagena de Indias, Colombia. Octubre de 2006. 256 pp.


Siempre me ha gustado la imagen que se crea en el poema “Jack el ciego” de Edgar Lee Masters, en su final: un violinista ciego muere al ser atropellado por la carreta en la que viaja ya que sus conductores andan ebrios y pierden el control de los caballos. “Hay aquí un ciego con las cejas/grandes y blancas como nubes./Y todos los violinistas, desde el más ínfimo hasta el más grande,/los compositores todos y los relatistas,/nos sentamos a sus pies y le escuchamos el canto de la caída de Troya”. Me recuerda también una imagen muy cortita de “El cielo sobre Berlín”, de Wenders, cuando los dos ángeles se encuentran después de un día de visitas a seres humanos, y se cuentan lo que vieron, y uno de ellos dice que un abuelo contaba La Odisea a un grupo de niños que lo oían embelesados.

Esa suerte de trance, ese estado hipnótico, esa sensación de irrealidad, esa fuga temporal, es lo que sentí al releer a Gómez Jattin, tras casi una década de ausencia precavida.


Son tres los escalones para alcanzar una especie de Limbo Divino: “Poesía 1980-1989” (Norma, 1995); “Amanecer en el Valle del Sinú –Antología poética-“(Fondo de Cultura Económica, 2004); y “Poesía completa” (La Casa de Asterión, 2006) que fue el texto consultado para realizar este propósito.

En la mitad del triángulo: un artículo de Jaime Jaramillo Escobar aparecido en La Gaceta –del Fondo de Cultura Económica- de diciembre de 2006 y donde da cuentas estadísticas de lo que significa el poeta cartagenero: de 180 poemas catalogados o taxidermados, 153 son los que se encarga de seleccionar Monsiváis para la primera edición a escala internacional de un poeta considerado –casi por obligación- maldito –lo que no quiere decir que sea un requisito tomarlo de tal forma-. “Con 90 de los 180 se conformaría la selección rigurosa y suficiente para situar una obra en el lugar destacado de la poesía colombiana” y más tarde, agrega: “Los lectores de Gómez Jattin son fanáticos y por ende posesivos.” Dispuestos a cualquier cosa, hasta a profanar a una editorial lo suficientemente respetada, pero desacertada justo cuando por aquellos días una antología completa de Porfirio Barba Jacob salía también al mercado, y no olvidemos la breve y totalizante de Fernando Charry Lara.

Los herejes de La casa de Asterión, quisieron hacer aquello que nadie antes se había atrevido a hacer y cometieron dos errores: unas fe de erratas –hay una hojita en cada libro dando las tales indicaciones-, y la incompletitud de la Poesía Completa: al basarse en el libro que Norma editó en 1995, no consideraron que el mismo Gómez Jattin había seleccionado algunos poemas de sus primeros títulos, y aparte de eso, más & más poemas de un cada vez más reverenciado Gómez Jattin siguen saliendo y quedaron sin ser descubiertos, como los de la Gaceta # 40, de mayo/agosto de 1997. Y supongo, a la manera de nuestro actual “maldito” Fernando Denis, el número de poemas regalados o puestos a otras manos invisibles y pertenecientes al carácter épico del azar, hacen todavía más mágica la labor de lograr un total. El total del de 2006: 207. Es decir, 27 más de los contados hasta ese momento por Jaramillo Escobar.

¿Pero importa acaso eso? ¿Incluso para alguien fanático de Gómez Jattin?

Quizás sí.

Vuelvo a Jaramillo: “Hace mucho tiempo que la poesía dejó de ser canto para convertirse en literatura: por eso se acabó”, dice para referirse a que –a la manera de Beckett- el primer i el último poema de Gómez Jattin, son canciones.

Supongo que para cualquier ser mortal la imagen de un melómano les indicará el camino que intento trazar aquí.

¿Pero se necesita ser melómano para entrar a la sala de la Casa construida por Gómez Jattin?

Las posibilidades de respuesta aquí, llegan al infinito o a un número cercano en todo caso.

Porque no cualquiera puede llegar a posarse sobre la arquitectura natural del cartagenero.

Las trampas están puestas por doquier, y pisar alguna de ella es tan fácil, que esas víctimas empiezan muy temprano a dar lástima, aunque no se descompongan.

La zoofilia, por ejemplo.

Y después de ahí, lo que se quiera: muy a la manera de Bukowski; tan predecibles se vuelven los argumentos de quienes osan atacarlos, que mejor despertar la compasión para empezar a dejar las cosas en Santa Paz.

Se lee en el último poema de “El libro de la locura”, en la figura de ese personaje llamado “Y”: “Nunca alcanzaré lo que tú”.

Y nuestro protagonista de hoy, al igual que los pocos grandes nombres poéticos surgidos de alguna de las poblaciones colombianas no dejan descendencia.

La naturaleza es convertirse en eslabones perdidos que comunican a ninguna parte, en ocasionales –pero eternos- laberintos en el que es muy fácil perderse, así se tenga la mejor guía literaria a mano.

Y no. No es que Colombia sea una nación con una tradición de pobreza, a la manera bautizada por Cobo Borda; es algo mucho más terrible: una soledad anunciada, una vitalidad enceguecida, un rumor que va navegando suavemente por el río mientras aquello que se busca se hace en los sitios donde existe la luz, y no importa cuán lejos se halle el punto original de la pérdida.


¿Qué queda hoy en día de Gómez Jattin?

Un largísimo recorrido natural por la Vía Galáctica que ya nombró el bueno de Bolaño.

Unos cada vez más pocos lectores elegidos por la suerte de un destino irrevocable y furioso.

Más y más antologías de corte variado: desde las bizarras que tratarán de superar los 207 poemas agregándoles los originales descartados por la mano del suicida (?) o los aventureros del riesgo de hacerle caso a Jaramillo –El Bendecidor- Escobar y escoger no los 90 originalmente propuestos para la selección total, sino 70 ó 55.

Quizás soportará otros 2000 estudios o artículos o tesis o subproductos o reseñas; y frente a la gran mayoría de ellas, la gran mayoría de gente claudicará y osará enfrentarse a solas –y con el cuerpo desnudo- a ese neodestino.

A lo sumo, ratos de soledad; para luego volcarse con ediciones de valor incalculable para los “Y”’s de turno.

Un guión cinematográfico, si es que ya no lo hay, y un tribvto musical desde las venas oscuras del rock.

Y ciertos dejos de calma inmisericorde: “Esplendor de la mariposa”

de inmortales profecías pequeñas: “Los hijos del tiempo”

de aberraciones emocionales capaces de desgarrar los recovecos más profundos del ser: “El libro de la locura”

Y ya.

“Nada se gana con gritar contra la gravedad”, dice una banda paisa.

Todos alguna vez cruzaremos esa justa vía que nos catapultará a esa zona innombrable en la que, si corremos con la suficiente fortuna, oiremos a ese ciego de cejas grandes cantando la caída de Troya, y quién quita que nos topemos ese vozarrón de viento de mango cantando las canciones que tenían el poder de la inocencia más pura, y ese nuevo silencio inunde nuestras esencias, evaporando todo germen de algo que alguna vez nos hizo convertirnos en puntos fugaces de la contravía cultural.

3 comentarios:

xlacoloniax dijo...

Publicado originalmente en "El Cotidiano", en la columna "Lector Ritual"

Adrian dijo...

Hola, estaría intereado en adquirir el libro de poesía completa de Raúl Gómez Jattin que comentas aquí, pero no logro encontrarlo ninguna parte. Te agradecería si conocieras algún lugar donde conseguirlo me lo hicieras saber, muchas gracias. Soy de España, pero no me importaría tener que pagar gastos de envío si se tuviera que enviar desde otra parte del mundo.

Gaenorrhaeæ dijo...

Hola Adrián.. desafortunadamente no tengo idea alguna de donde encontrarlo. La editorial La casa de Asterión tiene sede en Cartagena. La edición constó de 500 ejemplares y es de octubre de 2006. Si mal no estoy, es la edición más completa de la poesía de Gómez Jattin, mucho más completa que la que editó, por la misma época, el FCE-Colombia, que sería mucho más fácil de conseguir. La edición de La Casa de Asterión tiene una serie de erratas y la carátula es de Egon Schiele. Se conseguía hasta, quizás 2008, 2009, en las ferias que usualmente hacían en el Parque Santander en Bogotá, pero que diferentes administraciones han decidido erradicar de tajo. Desde hace muchos años no la he visto para la venta. Y nunca la vi en librerías convencionales.