Las amenazas sociales son particularmente dañinas para el cerebro en desarrollo porque durante la mayor parte de nuestro tiempo evolutivo como humanos requerimos mucha cooperación y comunicación para llevarnos bien, para sobrevivir, para criar a nuestros hijos. Ser despreciado o excluido era algo físicamente peligroso porque significaba la posibilidad de quedar fuera de la tribu, por lo que era más probable que fueras víctima de los depredadores. El sistema inmunológico entraba en un estado frenético al estar expuesto
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