sábado, 14 de junio de 2008

ESTA ES VUESTRA CASA, BIENVENIDOS AL INFIERNO, PARCES

CUADERNOS DE RENATA. ANTOLOGÍA 2006-2007

VV.AA.

Icono. Bogotá. Enero de 2008. 118 pp.

Acto I

La literatura latinoamericana es maravillosa, pero tan representativa como las élites latinoamericanas. Cuando encuentras escritores latinoamericanos, suelen ser los más blancos de su país. En Estados Unidos son muy jodidos, pero hay una tradición literaria fuerte, vital y esencial de la gente de color. No se ve que pase lo mismo en América Latina, no aún al menos. ¡Necesitamos a más escritores que no se parezcan a capitanes del equipo de volley suizo! Hay jóvenes de color por todas partes en América Latina: ¡escriban! ¡Estamos desesperados por oír sus palabras!" Quien habla, es el dominicano Junot Díaz, en una entrevista que Gastón García le hizo a raíz de su invisible incursión en B39.

Es fuerte lo que dice el centroamericano, ¿ah? Me imagino un álbum como los que salen cada cuatro años para celebrar el mundial de fútbol de turno, en el que uno pueda ver las caras y algunos mínimos datos de ciertos escritores. ¿Será cierto que son los integrantes del equipo de volley suizo en plena planicie sudamericana?

A veces eso del color, las tendencias, lo religioso, los gustos son un apéndice.

Al final de cuentas, lo único que vale es lo escrito.

Ciego. Así es como se debe entrar a un escrito. A un laberinto.

Atento a cada uno de los bufidos del Minotauro.

Siguiendo la estela de sombras que se han formado dentro de ese mapa único e indivisible que habita dentro de cada uno de nosotros a lo largo de lecturas + lecturas + lecturas.

Pero ya cada uno tendrá la ocasión de decidir qué lee o qué no lee.

A veces el lector se convierte en un cazador implacable, a veces se vuelve la misma arma clavada en un sangrante cuerpo de algo que alguna vez fue un escritor.

A veces se admira a esa clase de armas.

A veces se siente compasión por esa víctima que yace inerme. Quieta. Estática. Ida. Pero como si se tratara de un videojuego: game over insert coin. El siguiente cazador deja a su presa viva. Y hasta se da el caso de que la lleva para su hogar. La alimenta. La hace parte de su vida cotidiana. La diseca una vez fallece de ancianidad.

Nadie tiene una última palabra frente al ferviente campo de la literatura.

Nadie.

No hay reglas precisas para recorrer ese infinito territorio.

Cada uno entra con lo que quiere, puede, tiene, siente, cree, piensa.

A solas, generalmente.

Porque hay algo precioso en el ser humano, y es que los ojos, ese exquisito sentido táctil, es distante. Y por más juntos que se pretendan estar, la imposibilidad es una razón más para querer intentarlo una vez más. Juntarse.

Decidir estar de tal o cual lado, solo compete a quien sienta la necesidad de escuchar o de decir algo.

Y generalmente viene acompañado por un silbido permanente en algún lugar oculto del cerebro cercano al corazón que inquieta y hace sudar a ese paciente de turno.

Un desorden fisiológico.

Un caos interno.

Cada conexión sináptica se vuelve un abigarrado Big Bang.

Explosión tras explosión allá dentro.

“Hay fuego en los 23.”

¿Qué hacer?

Nada. Excepto seguir el tibio mandato interno y lanzarse al agua a nadar.

Cada escritor es un auto exiliado de su mismo entorno.

Cada escritor necesita huir de su realidad para construir su propio nicho y parir.

Y cada escritor es una rata furiosa capaz de asesinar por proteger a sus criaturas sangrantes, lampiñas, ciegas, hambrientas.

Porque esos surreales hijos, subespecie de marsupiales, no son capaces de desarrollarse a completitud en el interior de la madre sino que necesitan un lugar cálido y sumiso para que puedan acceder a la leche que los llevará a la fortaleza de la vida independiente.

La creatividad.

Fractal insondable que viene agregado a la condición natural de seres humanos.

La literatura.

Potencial campo de riesgo, peligro, inquietudes y tormentas.

Alegría tras el punto final. O melancolía por el abandono.

Contradicciones.

Mas la sabiduría.

Acto II

RENATA viene trabajando desde 2002, pero reinició sus actividades mucho más cargada de entusiasmo, ideas, acompañantes, talleristas y escritores de cierta trayectoria, en 2006.

Son 23 departamentos que necesitan voltearse hasta alcanzar los 32.

En cada uno se formó, especie de Club De La Pelea, uno. Y de allí empezaron a salir gotas de sangre, gritos, extremidades. Se trabajaba. En una especie de silencio marino. Es decir. Silencio mentiroso. Pero muy querido.

Icono, la editorial capitalina, aceptó el reto de editar el libro que recogía los veinte escritos escogidos de un proceso inicial que contó con todos los tallerentes regados en todo el país.

Aquí aún no se representa el ciclo indígena ni el carcelario.

Pero la idea es saborizar, colorear, expandir la onda explosiva del resultado del plato que se cocina. Boca o sensación. Da lo mismo en este instante.

Cada una de las personas escogidas para formar parte del bello libro, saben del terrible embrollo en el que se metieron. Aunque creo que sospechaban de antemano que eso iba a ocurrir.

Sus criaturas endebles han salido a la luz. Y ya, como padres, han perdido automáticamente el control sobre ellas.

Ahora estarán en la fantástica posibilidad de ser rechazados, aceptados, elevados o ignorados.

Y aunque tras una publicación cada persona vuelve a ser la misma, ya no se es igual.

¿Qué seguirá para esos veinte colombianos o decididos por sí mismos colombianos?

¿Tendremos razón de ellos otra vez?

¿Formaron parte de un banco experimental que sólo acepta una consignación por persona?

¿Qué indicará tallerliterario.org a seguir?

Y lo más inquietante, ¿calmó nuestra sed?

Acto III –No remorse (Hetfield/Ulrich)-

No mercy for what we are doing: Sí. La calma. Tras los primeros sorbitos, algo leve se produce en el sistema digestivo.

Claro. Como toda antología, algo bueno tiene, algo que no gusta tiene, algo que uno cambiaria tiene.

No thought to even what we have done: Creo que pusieron a cada uno de los elegidos a redactar su propia reseña biográfica. Y una forma muy directa de escoger qué es lo rescatable de lo no, es desde esos párrafos en cursiva. Los más sosegados, calmados y escuetos, son lo que logran llamar la atención por su producto.

We don't need to feel the sorrow: Y claro, no se necesita la compasión aquí. Ellos decidieron dar ese paso. Nosotros, cazadores del aire, lo recibimos y hacemos con ello lo que queremos. Libertad al fin & al cabo.

No remorse for the helpless one: Porque el desvalido no necesita, en este caso, ayuda.

(..)

Only the strong survive: Cristián Valencia rescató “la mirada femenina” que comienza a hacer aparición en este país. Myriam Bautista, “el esfuerzo, la dedicación, la constancia, la disciplina, la imaginación, el trabajo diario”. Darwin diría: sólo los vocacionales sobreviven.

(..)

War without end: Un consejo para ustedes, lectores: entren a una librería. Cojan el libro amarillo. Busquen la página treintaycinco. Permanezcan de pie. Y lean.

(..)

Swords are like lighting: Sí esta es otra luz. ¿En dónde queda el resto? ¿En dónde ponemos esto? Es cierto. La importancia reside en muchas cosas que funcionan lateralmente a lo estrictamente literario. ¡Pero vaya primer paso! Y lo repito. ¿Ahora qué? Me los imagino más rabiosos que nunca por seguir adelante. ¿Será parte del proyecto? Material de guerra para utilizar en situaciones críticas, después de todo, somos ese otro lado de un espejo que nadie osa descubrir totalmente.

2 comentarios:

xlacoloniax dijo...

Publicado originalmente en "El Cotidiano", en la columna "Lector Ritual"

artemisa dijo...

Hay cosas ke no se pueden callar...
Ke bien escribes!

Erradura.