sábado, 13 de diciembre de 2008

THE NEW STONE CHURCH

LO DEFINITIVO Y LO TEMPORAL (INVENTARIO DE OBJETOS PERDIDOS)

Javier A. Moreno

Fondo Cultural Universidad Eafit. Medellín. Septiembre de 2008. 103 pp.

No hace mucho, cuando lanzamos la cátedra Dillinger Escape Plan, unos de los integrantes del Colectivo Caníbal propuso crear una fórmula matemática que albergara los sonidos de guitarra que la banda de New Jersey planteaba desde su último cd: el imprescindible “Ire Works”. Y se me viene a la cabeza esta anécdota, porque este es un libro escrito por un matemático que adelanta su investigación posdoctoral, y que escribió estos cuentos “perdido” en medio de esa llanura llamada Tesis Doctoral.

La leyenda dice que agobiado porque el trabajo que le daría ese nuevo otro título académico no fluía, de repente, y como dominado por unas fuerzas extrañas, ninjas quizás, atroces e inverosímiles, como se imagina uno a Kafka escribiendo noche tras noche, el joven Moreno se vio envuelto en objetos constitutivos de la materia que estudia, palabras, que también llegaban a servir de lazo invisible para guiarlo por el camino que no sabía que recorría.

Un Virgilio disfrazado de ninja es capaz de ofrecer estos resultados: Expresionismo matemático. La mecánica de las posibilidades. Las cifras ordenadas cazadas en la lucha contra el azar. Dibujos hechos con letras.

Doce cuentos que navegan por las aguas milenarias de la indescifrabilidad. No importa. Mientras el río fluya, y haya algo que hacer: jugar, leer, buscar, comer, extrañar, meditar, cazar, calcular, todo funciona o sigue funcionando.

Moreno es el editor de hermano cerdo (http://hermanocerdo.anarchyweb.org), una revista que mezcla la literatura con las artes marciales, y durante su existencia, fue un colaborador muy frecuente de la revista Pie de página, que ahora sólo se puede seguir a través de la red (http://www.piedepagina.com/). Es decir, que sus impulsiones literarias no llegaron simplemente por el desespero o la impotencia sino que tiene un hondo saber, una manera de defenderse -¿solo? ¿con ayuda invisible?- en el campo abstracto de las letras. Pero –esto empieza a parecer una matrioska-, Moreno también es uno de los bloggers colombianos más avezados que tiene esa no nación llamada internet. Especialista maníaco fanático depredador dónde los haya. Desde su bitácora (http://www.bluelephant.blogspot.com/) maneja un universo que es difícil de separar como real o imaginado, directo o recordado, frágil o intenso. Y desde una de sus naves (http://objetosperdidos.anarchyweb.org/), maneja lo que se puede llamar la puerta de entrada a su primera manifestación oficial de las letras, lo que no es más que los epígrafes. Cuatro en total. Como cuatro maneras de decirse a sí mismo que se va a perder, que está perdido, que quiere encontrarse, que ya no se encuentra. Y como si de una puerta oculta dentro se tratase, Moreno teje el libro físico a la red virtual mundial (http://objetosperdidos.blogsome.com/) para que el visitante se atreva a crear haciendo variaciones en torno a esos objetos perdidos. Grupos de jazz o de blues tocando una y otra vez las canciones compuestas por alguien que termina siendo inmortalmente indefinido, DJ’s que mezclan y remezclan canciones de conocidas agrupaciones que se vuelven, finalmente, parte fundamental de una subhistoria no oficial y sí muy apropiada para quienes gustan de conocer los extraños y muchas veces oscuros recovecos de lo que siempre parece detentar una luz artificial para señalar el camino.

Eso es parte de lo definitivo y de lo temporal.

Lo que se lee y se queda, o lo que se va y se olvida. Lo que se cuelga en una página personal que se vuelve pública demasiado pública, o lo que se borra se descuelga se hace pasar por otra autoría se desconoce.

Y eso es “Lo definitivo y lo temporal”. Un libro-objeto (virtual). Un paso que ya muchos otros autores han dado desde los últimos diez años, pero que acá en Colombia, así como con las novelas gráficas que proponía Robot, no pululan aún. El missing link de la contemporaneidad. De esta era supramoderna, en la que la velocidad de las cosas hace que retrocedamos al mismo tiempo que se avanza. En donde ya no hay ni un mañana como no hay un atrás o adelante. Lo que prevalece, a la manera de un agujero negro, es un nombre, un blog, una dirección, una idea. Y a partir de esa puerta, siga y siéntese en su casa para conocer el mundo, que no es otra forma que decir tiempo.

La distancia entre lo eminentemente virtual –que acosa a muchos- y lo clásicamente físico –que nunca deja de enamorar a otros-. Y la constatación de que ambos son válidos. Que nadie le quita la diversión a los arriesgados que se introducen por los pasillos de las páginas de internet, pero que estar sentado en un sofá mullido con ese objeto en la mano es una delicia comparable al amanecer.

Y ya se sabe que no se puede ocultar la salida de un sol con una sola mano.


Acercarse al precipicio de las sospechas puede provocar escalofríos. Nada más emocionante que rodear un paisaje y permitirse el pecadillo de la creación. “Úselo para entretenerse, no más”. Empezar a unir un camino con otro. Erotismo interracial. Cópulas de formas diversas que producen híbridos sinuosos que escapan a cualquier –diez años atrás- imagen concebida. Pero el recuerdo, el momento, el paso del tiempo, la realidad, la imaginación, el desespero, la lentitud, lo diferente, un adiós. Eso siempre, aquí o allá, estará entre quienes respiramos, caminamos, vivimos, leemos. Después, tras cerrar el libro, cada quien tiene la posibilidad de elegir otra aventura. Pero dentro del código, ese título navega infinito hasta puntos que no son comprensibles para la razón. Y así como los links permiten una urdimbre de conexiones, sin necesidad de la tecnología virtual, el leer y coincidir permite que se creen links entre personas de diferentes espacios, tiempos, brumas, murmullos.

Con o sin páginas en la extensa red; con o sin ayuda de conglomerados económicos o editoriales; con o sin el voz a voz que sigue muy vivo hoy en día, un libro es capaz de contactar a sus lectores para conectarlos mágicamente por medio de lazos de colores escogidos al azar y que nunca dejan de existir.

Hoy en día, esa velocidad de las cosas hace que el saber algo sea todo más inmediato, inminente, ya no secreto.

Es parte de la ecuación de los tiempos, ¿no?

Así que, ¿con cuántas personas estoy ahora unido sin saberlo?

No espero respuesta alguna. Me basta con saber que leí un libro diferente, básico quizás para entender algo que comprendo a medias, pero que contiene unos momentos terroríficamente bellos como cuando uno se separa de aquellos a quienes ama.

E igualmente repito la pregunta, ¿con cuántos lectores?

A lo sumo, y como suele ocurrir, la respuesta la dará el mismo libro, algunos o muchos años después, cuando ya ninguno de sus primeros lectores estemos en este plano.

Pero qué durará más, ¿el libro físico? ¿la página virtual?

“El eco, por el momento, se lo lleva el viento”

No nos apresuremos, todavía hay un largo camino por recorrer.

2 comentarios:

xlacoloniax dijo...

Publicado originalmente en "El Cotidiano", en la columna "Lector Ritual"

Javier Moreno dijo...

Gracias por el comentario. Lo enlacé desde acá.