sábado, 6 de febrero de 2010

EL LARGO CAMINO DE REGRESO A CASA (INOCENCIA IRREMEDIABLEMENTE PERDIDA)

FELIZA Y EL ELEFANTE

Ramón Cote Baraibar

Panamericana. Bogotá. Octubre de 2008. 61 pp.

Conocido más como poeta menor, Cote Baraibar –peaje obligado si se quiere ir a una conferencia sobre poesía en Bogotá- exhume sus recuerdos de infancia y los vierte, de la mano de Patricia Acosta, en un texto infantil que, de manera leve, canta unas vacaciones cuyos motivos van siendo regados como en un amplio y angosto descuido de parte del narrador: un niño que alguna vez fue niño.

La figura de Feliza Bursztyn, por el contrario, siguió ese camino inverso que maltrata en vida y se arrepiente con el tranquilo paso de los años, justo cuando las generaciones del porvenir con capaces de entender el mensaje.

Y más hoy, cuando su obra homenaje a López Pumarejo, construida para la UN, apenas recibe el aval de las directivas para ser exhibida públicamente. Sumada a la retrospectiva que el Museo Nacional le ofrece.

Quizás los recuerdos del niño bueno ayudaron a abrir una puerta que estuvo cerrada mientras los implicados estuvieron vivos todavía, y como dinosaurios negados para la muerte, recorriendo un pasto quemado con sus propias pisadas.

“(..) sólo la poesía nos permite preservar en palabras esas contadas revelaciones que nos visitan a lo largo de nuestras vidas”, dice el propio autor en el inicio de su libro “Colección privada”.

Una imagen tierna y real de una artista en plena efervescencia.

El elefante saint-exuperyano resulta un puente intuido hacia lo desconocido a partir del vacío de la abstracción.

Después, en casa nuevamente, la ida de la inocencia para siempre.

Como si del verano del terror se tratara.

Cote no ahonda en esa otra clase de heridas, de las que hoy en día es imposible no hablar.

Y se le agradece.

¿O qué pensaría un niño de diez años frente al caso Bursztyn?

“La obra de Bursztyn, vanguardista, poética, libertaria, no es conocida en su real dimensión”, dice Germán Izquierdo.

Incluso para los pequeños, el respeto es vital.

Pero ante los limitados esbozos recordados del cucuteño, ¿qué más se puede pedir que huir a buscar la fuente original de la historia? ¿La verdad? ¿La vida?

1 comentario:

xlacoloniax dijo...

Publicado originalmente en "El Cotidiano", en la columna "Lector Ritual