sábado, 7 de febrero de 2015

UNDERSTANDING WILDLIFE

qp

Powerpaola
La Silueta. Bogotá. 2014

Es muy raro viajar. Así como con el tiempo suelen confundirse los sueños escritos y posteriormente olvidados con momentos tangibles de la vida de aquella época. Así como se ignoran los rostros que desde algún tiempo acompañaron la vida y no significaron nada, algún curso, algún semestre, algún servicio militar, algún hiato. Hay ciudades tan amables que hay momentos que quedan durando en la gana de querer repetir paseos a pie, generalmente bajo aquél mismo sol. Huellas que quedan engarzadas en las plataformas metálicas que, entonces uno lo entiende, revisten a una infancia que aconteció antes de 1981. Y puéj nada, la vida se va sucediendo sin apenas darsen de cuenta y después de un bagaje emocional que tanto de laberinto como aturdimiento entonan, pasados tantos X años desde el colegio, ya con dos separaciones encima y con una (in)cierta responsabilidad por algo de la vida salvaje, hallarse oyendo desde las nuevas reediciones de diferentes colores casetes de Sonic Youth o de Napalm Death ¡27 años después! repitiéndose lo que se aprendió desde esos fulgurantes comienzos que tanto el "Dirty" como el "Fear Emptiness Despair" seguirían siendo los favoritos rompiendo no solamente las cadenas de las estadísticas oficiales de los expertos sino ya vueltas murallas propias y dichas y escritas. Aquende otro transformar. Y partir de nuevo a alguna aventura inverosímil para la que ya no estaremos dispuestos a estar amparados bajo la comunicabilidad de la invitación, quedando como testigos de algún fragmento que ha quedado traducido a ser leído por aquel más, antes de que definitivamente sea consumido por la voluntad tan bella del tenaz olvido mucho más allá del insignificante tiempo que lo devora todo tan tanto. "Dibujo casi todo el día y te juro que no sé para donde voy con todo eso". El encuentro frente a esa incertidumbre que con tanta seducción invita a dejarse caer hasta un proceso sin un fondo definido puesto que algún resquicio del infinito estira su piedra para albergar una nueva historia, un cuento que, pasados los años, insistirá en ser un recuerdo nada más de un todo aquello que pasó sin siquiera darte cuenta. Lo importante será dejar obra. Que no se pase un día sin una línea. Escuchar lo que recomiendan esos blogs de metal de muchachitos que no llegan a los 22 años y esos dos que seguías y se suicidaron cuando cumplieron 21 por allá en el 2013. Vestirte de negro con las camisetas que vienen en la promoción que pagaste por paypal. Leer pretendidamente para lo único que te hicieron. No dejarse perder, pero si acariciar. Caminar antes que montar en bus. "¿Querés volver a pasar por esto?" Quizás pagar por encuentros seguros con travestis. La estrechez de Overdrive. Esos besos con esa punk tatuada y que olía a aguardiente y estuvo todo el tiempo metiendo perico. Pero no es la soledad, es algo más. Esa necesidad de dejar casi todo de la toda vida al mismo azar. Como que algo, después de tanto tiempo siguió en pie. Quedó algo. Dejó algo. ¡Qué placer tanta tristeza! ¡Qué tranquilidad brinda el dormir nuevamente con la ventana abierta sintiendo el terrible frío de la temporada de heladas y soñando con que algo en los huesos hace sentir que de la pila de recuerdos se sigue haciendo la vida misma! ¡Qué lubricidad cuando la amante tiene más de 35 años y es casada y todo toca por turnos! ¡Qué dicha saberse vivo en medio de tanto vuelco de nada que osa otorgar la vida misma!

1 comentario:

Gaenorrhaeæ dijo...

Escrito para El Independiente