sábado, 20 de septiembre de 2025

This life I love is going way too fast

 VIENDO EL FUEGO DESDE LA TERRAZA

Jairo Buitrago

Panamericana. Bogotá. Junio de 2020. 106 pp

Cuando sucedió lo del Palacio en noviembre del 85 yo estaba por cumplir 11 años. Estaba en mi último año de primaria. Se suponía que en ese diciembre por primera vez tendría que arriesgarme a usar pantalón largo y 1986 no solo implicaría arrancar el bachillerato sino cambiar a la jornada de la mañana. La entrada era a las 6: 30 am. Quizás mi padre en uno de sus arrebatos disciplinarios me dijo que me iría a preparar durante las vacaciones para aprender a madrugar. Entonces transcurre una semana y se viene la avalancha de lodo sobre Armero y me enfermo. No recuerdo ni siquiera de qué. Vomitaba. Mi madre angustiada. No recuerdo a nadie más en ese paisaje tan difuminado en mi vida

Hay una noticia o más bien una declaración de una persona eso debe de ser un testimonio de una niña que cuenta el pavor que sintió al ver los aviones cruzando sobre NYC para ir a estrellarse a las Torres Gemelas. A continuación en el documental aparece la mamá de la ya ¿adulta? y corrige: No vivíamos en NYC. Jamás habíamos estado en NYC. Vivíamos en tal parte. Tenías tal edad. Fue tal el impacto que se produjo en la cabeza de esa persona que se trasladó que su cabeza se trasladó al lugar de los hechos

Mi fetiche por Bogotá no se había elevado aún. Vivía en Búcara en una casa estrecha en el centro de la ciudad y al ver que ya yo siendo el mayor entraba a una nueva etapa de la vida mi familia toma la decisión de cambiar de lugar para que los hijos crecieran en un lugar más abierto

Pero eso no se da sino hasta 1987. O quizás en diciembre de 1986. Mi padre tiene esas fechas radicalmente desechas. En 1985 vivía en Búcara y mi fetiche por Bogotá no había iniciado aunque ya familiares habían dejado ciertos granos de su vida en la capital y la conocía como un simple niño que no pretendía ir más allá de nada

¿Por qué me pongo a recordar cierto tipo de cosas en medio de una reseña?

La obra de Buitrago es fascinante por lo tierna y natural y tonta y hermosa

Buitrago es el autor de un clásico de la literatura infantil cual es Eloisa Y Los Bichos

Y acá lo que hace es contar su vista desde su adolescencia. Sin ser perfecto en matemáticas. Si el autor dice que nació en 1970. En 1985 cuántos años podría tener? Saldré un momento de acá para preguntarle a la IA. Así que lo que vive y acontece como testigo cercano es aún más palpable que si tenía menos años. Diría yo de forma amenazante y arriesgada. Parece que es perfecto el momento en que atestigua la Toma del Palacio 

Lo que se descubre en el libro. Un libro que ¿es que qué se le puede pedir a una persona de 15? Es una historia que me sigue haciendo erizar la piel. Y como dice el man. Es tal el impacto del acontecimiento que de su niñez sería ese día seis de noviembre el único día completo que recordaría hasta la madurez

Entonces es una historia. No uno de esos libros informativos de La Toma. Es más cercano al de Luz María que se aferran a una confidencia. Y logran iluminar todo un amplio espectro que queda en la penumbra de la oficialidad o del afán o de la importancia o de lo que finalmente se ha de recordar o guardar en el archivo infinito de la Historia

¿A quién diablos le importa un pelao y su traga?

Y plaf! No quiero decir por respeto al doloroso evento que éste libro es el más hermoso que he leído. Que casi sí lo es. A veces se me olvida la importancia de la ternura en la literatura infantil o juvenil

Aquí cuando ya están en la terraza de la casa  de la niña Manuela y ven el fuego y sienten el calor de las llamas y el pelao se desmaya y queda ahí. Ahí quieto porque qué puede hacer sino atestiguar y luego esperar a que pasen las décadas o como dirían en la actualidad bogotana: esperar a que pasen las redécadas para dejar un testimonio que se configura como una esencia de aquella lerda batalla de aquel estúpido error de toda esa patraña patriótica que no hizo sino dejar listo el colador para que la nueva constitución vigorizara la alta idea de vida que suele hacerse tan corruptible en un sinsentido de país como éste

Repito: a veces como cuando llega la sed. Se me olvida la gran e inverosímil importancia de la ternura de la compañía y de saber quién está al lado cuando se hace uno en uno de esos momentos que significan que la vida se vive no por lo que se quiera sino porque es así como corresponde  

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