jueves, 25 de enero de 2007

NOVELISTA PRECOZ

De esta agua no beberé
Margarita Posada Jaramillo
Bogotá, Ediciones B, 2005 (279 pp.)

“De la nada todo se hizo mierda”

Frente a las primeras páginas de la primera novela de la colombiana Posada Jaramillo, se siente una ligera atracción ineludible, casi voraz, que imposibilita el desprendimiento con el libro. Una prosa sencilla, directa, sin adornos, muy ligada al estilo que exudan ciertas revistas que tratan de combinar el cuerpo con el intelecto, y que hoy en día puede tomarse como una influencia sobre los escritores y autoras que, como en este caso, está tan cercana a dicha publicación.

Pero muy pronto algo sucede, y el mismo ritmo que hasta el momento ha encantado, comienza a agotar, exigiendo una variación que nunca irá a llegar. Es por tal motivo, que la novela de Margarita Posada, puede tomarse como un largísimo artículo escrito para una revista, contando detalladamente un chisme bomba. Y que quizás con unas doscientas páginas menos, sería un cuento si no perfecto, sí lo suficientemente entretenido para saborearlo un rato.

Y esto lo digo sin el ánimo de ofender a nadie, pero cuando se pretende conseguir llenar el espacio para una obra de tan largo aliento, se corren riesgos innecesarios, por lo que no es difícil hallar ciertas similitudes con algunos pasajes narrativos del colombiano Silva Romero, o encontrarse frente a esos listados de productos de moda y tan necesarios para ciertos sectores sociales como el estilo del premiado Sánchez Baute. Lo que podría significar que por más que los autores-estrella del momento se molesten por una identificación con algunos de sus colegas de oficio, es innegable la fuerza generacional que los une desde diversos puntos de vista, como es imposible ocultar que algo está sucediendo en las letras nacionales y evitar el hecho de haber nacido después de 1960, es monstruosamente inoficioso y simple y llanamente un error.

“De esta agua no beberé”, cuenta la fatídica historia de una hermosa, joven y atractiva periodista radial, al meterse con el hombre equivocado, el joven, apuesto y atractivo recién nombrado secretario privado del presidente de la república, además de cocainómano y comprometido con una mujer conocida en todas las estelas del poder colombiano.

Margarita Posada tiene, aquí, un acierto social, cual es el de retratar los movimientos de altos funcionarios de estado, de afamados directores de programas radiales, cuando no de jóvenes y listillos directores de revistas de moda. Personajes todos jóvenes, todos libres, todos pendientes del último grito de la moda, todos con una bizarra confianza en sí mismos que depende más de lo que los rodea que de la fuerza que nace desde adentro…

Ana Cristina, la periodista protagonista de la historia; Miguel, su ex-novio que cruza las tierras del duelo no solo por la recién separación de su novia, sino por la difícil y desgraciada historia que vive su hermano Felipe en Estados Unidos por causa de las drogas; Camilo, el galán de Anacris, cuyo final es frío y predecible; Manuel José, el hombre más poderoso de la radio y a quien hasta el presidente le tiene miedo por lo que pueda decir al aire, pero que no puede desatender una orden de su esposa; La Toñi, amiga íntima de Anacé, algo confundida frente a la vida, pero quien al parecer es la más centrada frente a la vida de todo el libro; Juan Claudio, el joven atrevido y exitoso director de una publicación que muestra en cada una de sus portadas a una modelo desnuda…

Una revista que tiene como principio ideal, mezclar la literatura con la farándula, algo que el bueno del Truman Capote muy bien lo intentó en la agitada Norteamérica de la década del sesenta. Una idea que no es descabellada del todo, pero que puede correr el riesgo de agrupar a un cierto número de escritores influenciados por los movimientos de dicha revista. Escritores demasiado jóvenes, demasiado atractivos y apresuradamente exitosos que se hallan lo suficientemente refugiados por aquellas paredes firmes y seguras que los rodean. Escritores que sólo pueden traducir aquello que ven, que oyen, que viven y les toca vivir: Coldplay, U2, Leonard Cohen, Radiohead, Jeff Buckley, y cargados de un estilo cinematográfico, puesto que se trata de la generación visual. Por eso gran parte de la prosa destilada en este ejemplo, se basa en esos cómicos e innovadores ejercicios temporales hiperveloces que aparecieran contando una breve historia en la película alemana “Corre Lola Corre”.

La farándula, entonces, es arte, y con los tiempos que transcurren, debemos arrodillarnos frente a su poderosa presencia y consiguiente influencia. ¿Porque qué será de nuestra cultura cuando muchos cientos de años después descubran nuestros restos y ruinas y no quede bien claro qué marca de calzoncillos se usaba, o que color de pintalabios se prefería, o cuál estilo de traje formal era el adecuado para tal evento?

La literatura de farándula, pues, estará destinada a convertirse en nuestra vocera frente a la Historia (así con mayúscula), cuyo nacimiento se producirá a partir de una publicación de cuatro letras que, cual cucaracha, será la única revista capaz de sobrevivir a una hecatombe nuclear, ¿pero soportará un exagerado accidente emocional?, ¿será capaz de sobrellevar una profunda crisis espiritual?

(dedicado a Lina María Pérez, con sumo respeto)


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