sábado, 22 de diciembre de 2007

PARAÍSO CONGELADO

EL DESIERTO Y OTROS CUENTOS

Ricardo Abdahllah

Instituto Municipal de Cultura. Bucaramanga. Abril de 2005. 80 pp.

Empezaré con una frase que no es mía, pero que refleja, de manera muy muy muy cercana, mi propio pensamiento: “¿Tenemos algo interesante qué decir? Puede ser. Puede que no. Por un lado están los bloggers, escribiendo día a día sin pedirle permiso a nadie. Pero por otro, en el mainstream las soluciones no son demasiado creativas: a lo más algunos poetas jóvenes y avant garde editan libros sin registro, al que le agregan un cedé o le colocan una instalación al lado.” Lo dijo Álvaro Bisama, un chileno al que hay que incluir en esa lista de personajes a seguir de cerca, a leer, a tratar de tomar todo aquello que publica; pero no es de él que estamos hablando hoy, sino de un visitante asiduo de este espacio: Abdahllah, el ibaguereño, bumangués por adopción y errático habitante de los cuatro puntos callejonales del mundo.

¿Tiene Ricardo Abdahllah algo interesante qué decir? No. O sí. Depende del lado en que se vea. Sí soy un crítico de marras, lo podría destrozar desde la distancia de la ignorancia. Ni con una vara de aluminio me acercaría a un libro casi autoeditado del que no he oído nunca nada jamás. Pero no soy esa clase de personas. Más bien parezco un cazador de rarezas capaz de hundirse en los vericuetos más oscuros de nuestro underground, y extraer lo que más valor –por sus capacidades de asombro- tenga.

Hay algo brillante en Abdahllah y se puede ver en su porvenir, aunque no en su obra, por más de transición que sea, por más evolución que se le note en las líneas que pretende trazar con respecto a sus obras precedentes.

¿Pero qué es eso que causa tanta conmoción incluso entre ciertos lectores que lo siguen como si de un músico famoso se tratara?

La conciencia de pertenecer a un lugar y hacer, a sus lectores, creer que no están solos.

Abdahllah, aunque santifique la soledad, nunca está solo, está a un paso de estarlo o en proceso de abandonar el campo vacío de las relaciones humanas, pero nunca esta solo; y siempre va en pos de algo. El movimiento que se siente en sus obras es el mismo que, en un hipotético caso, podríamos ver en una pantalla, sí él carga permanentemente un GPS y cuelga las coordenadas diarias en la red. Hoy aquí, mañana tal vez, pronto regreso, ya vuelvo, etc…

La ventaja de Abdahllah frente a otros muchos escritores de la diáspora, las catacumbas, los extramuros o el desespero, es que ya es oído, y en parte se debe a que tiene una primeriza obra fielmente publicada, y tras leer esos tres títulos, se ve que las ideas van tomando forma y el escritor se va acercando a una especie de Cómala propio, pueblo fantasmal como fantasmal puede ser el hijo que aún no he tenido. Y eso es válido. Supremamente válido. Cada escritor debe crear su propio mundo de lo que tenga a mano, así sea las canciones de bandas enfermizas de black metal o de bandas que han debido pasar a mejor vida pero por actos vandálicos contra sí mismos por parte de sus ex vocalistas, aún viven en la conciencia colectiva de un pueblo aferrado a los cánones del rock, pero que no leen.

“El Desierto” es una obra de transición y como tal, debe provocar la esperanza líquida de que los cuentos que Abdahllah esta gestando en este momento serán mucho más formales para un gusto un tanto exigente. Es decir, lo puedo felicitar por este volumen, pero lo haría como aquella persona que es capaz de cumplir una meta, sin importar su traspatio.

Podría enviarlo al olvido, lejos de todo lo que pueda ser los tomos o textos favoritos, pero no lo haré, sencillamente, porque creo en él, y en su futuro.

Dividido en tres partes, la esperanza empieza a cundir cuando se leen cuentos como “Valentina y Los Beatles”, “Los ojos de Valeria”, “El último amor de Isidoro Bosnio”, y “El proyeccionista”, todos ellos colindando entre la muerte, el hermetismo de las situaciones y el suspenso, y todos ellos necesitados de un final perfectamente redondo para que no haya lugares a dudas, ni siquiera por parte de los fantasmas que pueblan cada página.

Caicediano y Chaparrudo hasta el paroxismo, el autor sabe que de seguir haciendo la plana, alcanzará pronto la perfección.

Pero en el centro del libro, en la segunda parte que es un cuento llamado “Cuento de invierno”, las cosas empiezan a complicarse para el ibaguereño, porque los viejos fantasmas empiezan a hacer su aparición como en el cuento de navidad de Dickens: es exactamente lo mismo que malogró a Caicedo Estela, que cuando pretendía volar con las alas que le había signado el destino, lo hacía para visitar a sus viejos tenebrosos amigos que vivían al frente de su casa. ¿Una nevada en Bucaramanga? Vale, suena interesante, y la historia empieza a desarrollarse de forma simple y liviana, pero agradable al fin y al cabo, hasta que empieza esa ringlera de desquiciados góticos fronterizos entre la vieja guardia, el grunge y el metal y acaban con toda la esperanzas.

Que es lo que sucede en la tercera parte, aunque lo más valioso es que la ciudad ya forma más parte de su obra. Bucaramanga, quiero decir, vista desde los ojos rojos de sus protagonistas que deambulan entre las dudas, los deseos, el vino rojo y los intentos de suicidarse para llegar al Valhalla y seguir bebiendo, caminando, hablando, tocando y viendo llover junto a Jimi, Kurt, Janis, Jim…

No importa que Bucaramanga tenga nieve, o que se transforme en Nirvana, la ciudad de la Noche de Quema. Agradezco al autor el paso por avenidas clásicas como la 15 o la 36, parques como el Centenario y que casi todos sus protagonistas vivan en el deprimido sector de El Centro. Pero también el ubicar dentro de la Lit. Contmp. Col. Al Páramo de Berlín o al Cañón del Chicamocha.

“Valeria miró por la ventana, las calles estaban inundadas y las luces de magnesio aún tenían la incandescencia púrpura que les queda cuando se apagan”. Aunque le había escuchado en una entrevista que sus intentos de poesía habían resultado un fiasco total, razón por la que jamás volvió a intentar su ejecución, los pasajes de este libro, empiezan a ser poblados de ella, en forma narrativa.

“Así que emigré. Inmigré. Tuve que viajar para darme cuenta que lo muerto no está en las ciudades sino en la manera de verlas.” La explicación de su movimiento, intra y externo.

Pero es con frases como “¿Cómo es la lluvia en el cielo? es decir, ¿hay nubes de lluvia o todo es azul siempre?” que me hace sembrar esa esperanza en el joven narrador colombiano.

Pero por el momento, acogiéndome a esa multitud cristiana que grita desde algunas páginas sacrílegas de los periódicos nacionales, le digo que, aunque no me gusta, si le tengo compasión, porque lo que hace falta por venir, seguramente será tan doloroso para él, como para nosotros, sus lectores.

sábado, 15 de diciembre de 2007

“TELL SO THAT NO ONE EVER WILL FORGET/WHAT IS IN HEART GOES FROM FATHER TO SON”

DRAGI SOL

583104: PIZZAS PIZZAS PIZZAS

Slavko Zupcic

Fundarte. Caracas. 1989; 1995. 53+77 pp.

Tanto Zlatica Didic, como Vinko Spolovtiva, despiertan una terrible necesidad en su hijo: asesinarlos. La historia, para ambos casos es similar: el croata, con ciertas tendencias a la libertad y a la exploración, sale de su natal Croacia justo cuando se larga la Segunda Guerra Mundial, y tras un peregrinaje de años que lo lleva hasta Trieste, allí toma un barco que lo deja en el puerto de La Guaira, en Venezuela. El extranjero pretende sentar cabeza, y cuando se relaciona con una dama y la deja en estado de embarazo, repentinamente, su antigua naturaleza de libertad y exploración, lo hace huir del país sudamericano. En el libro de 1989, son las cartas las que hacen redescubrir al fantasma del padre. En el segundo, es el mismo padre que se cita con su hijo en una plaza central en Valencia, Venezuela.

Ambos puntos de vista, álgidos, confusos, vistos desde esa rabia adolescente, son narrados con una frialdad bastante veloz por el escritor venezolano Slavko Zupcic, y dejando a un lado ciertos guiños literarios, me centro en la historia como tal, inclusive dejando a un lado algunos otros cuentos de corte fantástico o de cotidianidades que valdría la pena mencionar en otro artículo o, para ser incluidos en otra clase de lecturas temáticas, como por ejemplo el enamorarse de una muñeca inflable ante la vastedad de la soledad en los extramuros de la inmigración.

Ambos libros están separados por seis años de publicación, y ambos libros son muy diferentes entre sí, aunque siguen una línea que cuenta historias que muchas veces pueden desembocar en otra historia o en la nada. En el primero, en el de las cartas, el hijo no sabe nada de su padre, “¿Has muerto, padre? Te maldigo”, y en el segundo, la premisa es más sencilla: “Era mi padre y tendría que matarlo”. Bien, no voy a hacer comparaciones con cartas a padres ni con asuntos De Quinceyanos, eso lo dejaré para los más expertos, por lo que iré de frente y seré breve.

Las razones para confesar esas ideas o demostrar esos sentimientos, son entendibles. Y quizás, hasta válidos.

Para los interesados, no hay muertos de por medio en esta historia.

En el capítulo 1989, tras indagar en la historia que hay detrás de las cartas, el hijo, que descompletó la colección de los escritos en papel cebolla de Europa del Este por hacer aviones y crear dibujos estando más niño, empieza a ver que tras cada una de las cartas hay una mentira que no sólo cobija a los destinatarios de cada misiva, sino que empieza a involucrar a una familia entera que esta detrás de cada individuo que, supuestamente, recibía las cartas. El proceso de transcripción, traducción y lectura, hacen que el hijo entienda al padre, tras la mentira de las cartas, y se pregunte por qué escapó de todo(s) cuando el delito que había cometido no daba para tanto, es decir, de alguna manera lo perdona, y se siente impulsado, quizás más adelante, a escribir una novela con el paquete sobreviviente.

En el capítulo de 1995, hay una cita que más que (re)conocerse, parece la citación a un duelo, y de hecho lo es. Ambos, según las confusas versiones de los hechos, llevan armas al cinto, y aunque no se especifica que de un lado irán a disparar, se sabe que del otro sí, puesto que es el motivo principal o único del encuentro. La cita es a las doce y el hijo llega con dos horas de anticipación. Está tan absorbido por los nervios de conocer al padre y disparar al instante, que no se da cuenta en que momento transcurre el tiempo. Hay un chico sobre una tabla dando vueltas alrededor de la plaza e incluso alrededor de él, y el hijo se concentra en buscar a un hombre de 60 años con tales características en una plaza dónde cunden los hombres de esa misma edad, comportamiento y vestimenta. Enceguecido, el hijo confunde a una pareja de ancianos de aspecto eslavo justo cuando su padre se le arrima y pretende obsequiarle un abrazo. ¿Qué cómo lo conoce? Por fotos, y sospecho, por esa guía instintiva que hace reconocer quién es quién dentro de las cercanías del círculo genético. El hijo lo rechaza, sabe que debe disparar, pero el hijo se ha encariñado con el chico de la tabla, y descubre que es su hermanastro, por lo que no tiene más opción que darle un golpe en la pierna a su padre con la cacha de la pistola y tomar prestada la tabla para refrescar su mente, mientras gira por la plaza. El golpe y el contexto, es brutal.

En “Dragi sol”, única palabra que el hijo venezolano conoce del croata, y que traduce “Querido o algo así”, el libro termina con un cuento llamado Mary Monazin. Dentro del paquete de cartas hay fotos, y hay una en la que aparece una mujer que no tiene otro calificativo que el de hermosa. El hijo, por alguna razón, se entera de que ella, Mary Monazin esta en Valencia, Venezuela, y la busca. Pretende aclarar las diferentes teorías que le rondan la cabeza: ¿es la misma mujer que fue novia de su padre? ¿es la hija de ambos?

¿es la hija de esa señora y otro hombre? ¿es una sencilla coincidencia? El hijo, tras seguirla unas cuantas cuadras, no tiene más remedio que presentarse y, enamorado por la belleza de la chica, enterarse de que, efectivamente, es la hija de esa otra Mary Monazin pero con un oficial nazi que logró escapar a los Estados Unidos, pero que, curiosamente, su madre es la actual compañera de su padre.

Una parte del círculo se cierra, y una parte de las cartas, ciertas o falsas, sí tenían un destinatario que existía, y que aún vive, y que vive con su padre.

La chica debe regresar a Indiana, Estados Unidos, y él se queda prendido de ella, año tras año, pretendiendo, desde su cuarto, convertirla en su pareja para que, al tener una hija, le pongan el mismo nombre y continúen la tradición.

En “583104”, una obra de carácter más experimental, el final, interesante en la manera en que va dando espacio a voces y voces que parecen no necesitar llegar a ninguna parte, el narrador se casa con una prostituta, y aunque lo hace porque imita, en un espectáculo de cabaret, a Mayte Moreno, ex miss Venezuela, tiene una cicatriz en la sien izquierda, que es la misma que detenta su padre en el parque, en el momento del encuentro del mediodía.

¿Es la forma de conseguir alguna clase de entendimiento con respecto a esa maraña de sentimientos que se mezclan una y otra vez frente a una situación de tal abandono?

Algo así no puede acabar, aunque le haya pretendido poner punto final a esas historias. Pero, claro, estoy hablando de obras del siglo pasado que, por publicación, ya van a alcanzar los 20 años de vida, y el adolescente que las escribía, ya es un padre de familia cercano a los 40 años, y “Círculo Croata”, la novela publicada en 2007 en Venezuela, como una de las “Tres Novelas” (Editorial El Otro El Mismo), aún no llega a mis manos, y sospecho que parte de los interrogantes se verán disueltos ahí.

Pero, vaya, que no deja de ser interesante introducirse por esa clase de vericuetos que, en un tono posmoderno, no hacen más que, como telenovelas, panfletos o cuentos, mantener en vilo al lector, número tras número, capítulo tras capítulo, aunque se trate de espacios, diurnos o nocturnos, que demoren 20 años en cerrarse…¿o continuará?

sábado, 8 de diciembre de 2007

"Mañana lluviosa, como mi alma, Selvas de Colombia, miércoles 24 de octubre 8:34 a. m."

Fecha: 12/01/2007 -1335

Mañana lluviosa, como mi alma, Selvas de Colombia, miércoles 24 de octubre 8:34 a. m.

Mi mamita adorada y divina de mi alma.

Todos los días me levanto dándole gracias a Dios por tenerte.

Todos los días abro los ojos a las 4:00 a. m. y me preparo para estar bien despierta para oír tu mensaje en la cantera de las 5. Esa es mi ilusión diaria, oír tu voz, sentir tu amor, tu ternura, tu constancia, y entrega en el compromiso de no dejarme sola, todos los días le pido a Dios que te bendiga, que te cuide, te proteja, que me permita algún día tener la oportunidad de consentirte en todo, darte gusto en todo, tenerte como una reina, al lado mío, porque no soporto la idea de volverme a separar de ti.

Esta es una selva muy tupida, difícilmente entran los rayos del sol. Pero es desierta en afecto, solidaridad, ternura, por eso tu voz es mi cordón umbilical con la vida. Sueño con abrazarte tan fuerte que quede incrustada en ti. Sueño con decirte mamita, nunca más ni en esta vida ni en la otra, volverás a llorar por mí. Porque le he pedido mucho a Dios que me permita demostrarte todo lo que significas para mí. Y cuidarte, y no dejarte un instante sola. En mis planes de vida, si llega algún día la Libertad, quiero mamita que pienses en vivir con nosotros, o conmigo, no más mensajes, no más teléfonos, no más distancia, no quiero que exista ni un metro de distancia entre tú y yo porque sé que todos pueden vivir sin mí, menos tú. De esa ilusión de las dos, me nutro a diario, ya veremos cómo Dios abre caminos y nos organizamos, pero lo primero que quería decirte es que sin ti, no hubiera aguantado hasta hoy.

A diario me preguntas cómo es mi vida. Yo sé que Pinchao te dio muchos detalles y lo bendigo y le agradezco por haberte contado todo. Siento gran admiración por Pinchao. Lo que logró es algo heroico. Algún día, si Dios quiere, le daré un tremendo abrazo, como aquel que no pude darle cuando se fue del campamento. Ayúdalo en todo lo que puedas. Sobre todo si necesita asilarse. Dile cuánto lo quiero y las gracias que le he dado a Dios de que saliera vivo de su hazaña. Bien, las cosas desde la fuga de Pinchao se endurecieron para nosotros. Las medidas se extremaron y eso ha sido terrible para mí. Me separaron de las personas con las cuales me entendía, con las cuales tenía afinidad y afecto y me pusieron en un grupo humano muy difícil.

Estoy mamita cansada, cansada de sufrir, he sido o tratado de ser fuerte. Estos casi seis años de cautiverio me han demostrado que no soy ni tan resistente, ni tan valiente ni tan inteligente ni tan fuerte como yo creía. He dado muchas batallas, he tratado de escaparme en varias oportunidades, he intentando mantener la esperanza, como quien mantiene la cabeza fuera del agua. Pero mamita, ya me doy por vencida. Quisiera pensar que algún día saldré de aquí pero me doy cuenta que lo de los diputados, que tanto me ha dolido, me puede pasar en cualquier momento. Pienso que eso sería un alivio para todos.

Siento que mis niños están en sus vidas en stand-by esperando que yo salga, y tu sufrimiento diario, y el de todos, hace que la muerte me parezca una dulce opción. Estar con mi papito, cuyo duelo no termino de hacer porque todos los días desde hace cuatro años lloro su muerte. Siempre pienso que ya al final voy a dejar de llorar, que ya cicatrizó. Pero el dolor vuelve y se me echa encima, como un perro traicionero y vuelvo a sentir que se me despedaza el corazón. Estoy cansada de sufrir, de llevarlo por dentro todos los días, de decirme mentiras a mí misma, de que pronto esto va a terminar, y de ver que cada día es igual al infierno del anterior. Pienso en mis niños, en mis tres niños, en Sebastián, en Mela, y en Loli. Tanta vida ha pasado entre nosotros, como si la tierra firme fuera desapareciendo en la distancia. Son los mismos y ya son otros, y cada segundo de mi ausencia, de no poder estar ahí para ellos, de consentirles las heridas, de no poder aconsejarlos, o darles fuerzas, paciencia y humildad golpes de la vida, todas las oportunidades perdidas de ser su mamá, me envenenan los momentos de infinita soledad como si me pusiera con suero de cianuro, gota a gota, por entre las venas.

Mamita, este es un momento muy duro para mí. Piden pruebas de supervivencia a quemarropa y aquí estoy escribiéndote mi alma tendida sobre este papel. Estoy mal físicamente. No he vuelto a comer. El apetito se me bloqueó. El pelo se me cae en grandes cantidades. No tengo ganas de nada. Y creo que esto último es lo único que está bien: no tener ganas de nada. Porque aquí en la selva la única respuesta a todo es "NO". Es mejor entonces no querer nada para quedar libre al menos de deseos.

Hace tres años estoy pidiendo un diccionario enciclopédico para leer algo, aprender algo, mantener la curiosidad intelectual viva, sigo esperando que al menos por compasión me faciliten uno, pero es mejor ni pensar en eso. De ahí para adelante cualquier cosa es un milagro. Hasta oírte por las mañanas es un milagro, porque el radio que tengo es muy viejo y dañado. Trata siempre de pasar como lo haces al principio del programa, ya después el radio coge muchas interferencias, y a partir de las 05:20 ya no puedo sino adivinar lo que estás diciendo. También cuando haya información importante (como el matrimonio de Astrid) repítelo en varios mensajes. Yo no vine a enterarme de lo de Astrid y Daniel sino en la penúltima Navidad que estuviste allá y me mandaron mensajes desde la station desk y ahí estuve por fin como en la casa! Seguro lo habías mencionado y ese mensaje no lo oí.

Ahora que volví al tema de la radio quiero pedirte mamita linda que les digas a los niños que quiero que me manden tres mensajes semanales, los lunes, los miércoles y los viernes. Que te manden dos renglones a tu correo Internet y tú me los lees. Nada trascendental, sólo lo que puedan y se les ocurra escribir de afán y escrito "mamita hoy está el día divino, voy almorzar con María, la quiero mucho, sé que te va a encantar", "estoy rendida pero hoy aprendí mucho en una clase que me encanta de nuevas técnicas de filmación". No necesito nada más pero sí necesito estar en contacto con ellos. De hecho cada día, espero con anhelo a ver si vas a mencionarlos o si hablaste con ellos. Es lo que más me da felicidad, es lo único que realmente me importa saber. Es la única información vital, trascendental, imprescindible. Lo demás ya no importa. Quiero que Sebas también escriba. Quiero saber en qué está: trabajo, vida afectiva, etc. Ah! y estoy 100% para que no me llames a la madrugada del domingo. Yo sufro mucho pensando en tu trasnocho, y las horas de espera, y el cansancio, y todo. Yo sigo oyendo el programa por solidaridad con los demás, pero descanso sabiendo que tú estás calientita, dormida en tu camita.

Bueno, como te decía, la vida aquí no es vida. Es un desperdicio lúgubre de tiempo. Vivo, o sobrevivo, en una hamaca tendida entre dos palos, cubierta con un mosquitero y con una carpa encima, que oficia de techo, con la cual puedo pensar que tengo una casa. Tengo una repisa donde pongo mi equipo, es decir el morral con la ropa y la Biblia que es mi único lujo. Todo listo para salir corriendo. Aquí nada es propio, nada dura, la incertidumbre y la precariedad son la única constante. En cualquier momento dan la orden de empacar y duerme uno en cualquier hueco, tendido en cualquier sitio, como cualquier animal. Esos momentos son especialmente difíciles para mí. Inmediatamente me da diarrea, puros nervios, ya ve que eso me sucede y ya lo integro al asunto sin pararle más bolas. Pero me sudan las manos y se me nubla la mente, termino haciendo las cosas dos veces más despacio que lo normal.

Las marchas son un calvario porque mi equipo es muy pesado y no puedo con él. A veces los guerrilleros llevan cosas mías para aliviarme la carga y me dejan "los tarros", es decir lo de aseo que es lo que más pesa, pero todo eso es estresante, se pierden mis cosas o me las quitan, como el bluyín que Mela me había regalado de Navidad, con el que me cogieron. No lo volví a ver. Lo único que he podido salvar es la chaqueta, y ha sido una bendición porque las noches son heladas y yo no sé que más echarme encima para no sentir frío. Antes disfrutaba la ida a baño al río. Como soy la única mujer del grupo me toca prácticamente vestida, shorts, brasier, camiseta, botas, así me vea como las abuelitas nuestras. Antes me gustaba nadar en el río. Ya ni siquiera tengo aliento para eso. Estoy débil, friolenta, parezco un... acercándose al agua. Yo que tanto adorada el agua ni me reconozco.

Durante el día tenía la costumbre de sacar unas dos horas, casi... a hacer ejercicio. Me había inventado un aparatito, como un ban... hecho de palos, que lo... "step" pensando en los ejercicios. La idea es subir y bajar como si fuera un escalón. Tiene la ventaja de que no se necesita mucho espacio para hacerlo, porque hay veces los campamentos los hacen tan pequeños que queda uno prácticamente encima de otro prisionero. Pero desde que separaron los grupos no he tenido el interés ni la energía para hacer nada. Hago algo de estiramiento porque el estrés me bloquea el cuello y me duele mucho, con los ejercicios de estiramiento, el split y demás, logro aliviar un poco la tensión del cuello. Eso es todo, mamita.

Yo trato de guardar silencio, hablar lo menos posible para evitar problemas. La presencia de una mujer en medio de prisioneros que llevan ocho y diez años cautivos es un problema. Oigo en una tarta RFI y la BBC, escribo poquito porque los cuadernos (...) eso es una tortura. Ya he quemado como cuatro. Además en las requisas también le quitan a uno lo que uno más quiere. Una carta que me hizo.... escrita después de la última prueba de supervivencia en el 2003, los debe...de Anastasia y Stanis, las fotos de Mela y Lon, el escapulario de mi papá,.... Programa de gobierno con 190 puntos que habría ido alistando durante estos años, todo me lo quitaron. Cada día me queda menos de mí misma. Los demás detalles ya Pinchao te los comentó. Todo es duro. Esa es la realidad.

Es importante que le dedique estas líneas a aquellos seres que son mi luz, mi oxígeno, mi vida. A quienes me mantienen con la cabeza afuera del agua y no me dejan ahogarme en el olvido, la nada y la desesperanza. Ellos son mis hijos, Astrica y mis chiquitines, Fab, Tía Nancy y Juanqui. A mis hijos, los tres, Sebastián, Mela y Loli, dales primero mi bendición, para que los acompañe en cada paso que den. Todos los días estoy en comunicación con Dios, Jesús y la Virgen. A Dios los encomiendo para que nunca les falte, y para que nunca se aparten de él. Diles que no han vivido... de alegría en este duro cautiverio. Aquí todo tiene dos caras, la alegría y con dolor, la felicidad es triste, el amor alivia y abre heridas nuevas, andar es vivir y morir de nuevo. Durante años no pude pensar en los... porque el dolor de la muerte de mi papá copaba toda mi capacidad... cuando pensaba en ellos sentía que me asfixiaba, que no podía respirar, entonces me decía "Fab está ahí, él cuida todo, no hay que pensar".

Casi me enloquezco con la muerte de mi papá. N... hablar con Astrica para hacer mi duelo. Nunca supe cómo fue... si me dejó un mensaje, una carta, como una bendición. Pero lo que sí me ha aliviado mi tormento es pensar que se fue confiando en Dios y que un día volveré abrazarlo. De eso estoy segura. Sentirte fuerte ha sido para mí, mi fuerza. Yo no oí mensajes sino hasta que me unieron con Lucho, Eladio Pérez, el 22 de agosto del 2003 (Día del cumpleaños de su hija...) hemos sido amigos entrañables, nos separaron en agosto. Pero durante todo ese tiempo él fue mi apoyo, mi escudero, mi hermano.

Diles a... Sergio, Laura, Mananita y Carope, que los llevo en mi corazón como si fueran de mi familia). Desde esa época he oído tus mensajes con la más increíble constancia, nunca me has fallado. Dios te bendiga. Te decía, durante años no pude pensar en los niños por el dolor horrendo que me producía no estar con ellos. Hoy ya puedo oírlos y sentir más alegría que dolor. Los busco en mis recuerdos y me nutro de las imágenes que guardo en mi memoria de cada una de sus edades. En cada cumpleaños, les canto el happy bhirtay. Solicito que me permitan hacer una torta. Antes me colaboraban y yo hacía algo como para marcar la fecha. Pero desde hace tres años siempre que pido, la respuesta es no. Igual si traen una galleta o la comida cualquiera de arroz y fríjol, que es lo usual, con eso hago de cuenta que es una torta y le celebro en mi corazón su cumpleaños (...).

(...) Mamita, son tantas las personas a las que quiero darles las gracias por acordarse de nosotros, por no habernos abandonado. Durante mucho tiempo hemos sido como los prosos que afean el baile, los secuestrados no somos un... me "políticamente correcto", suena mejor decir que hay un ser fuerte frente a la guerrilla, aún si se sacrifican algunas vidas humanas. Ante eso, el silencio. Solo el tiempo mide abrir las conciencias y eleva los espíritus. Pienso en la grandeza de los Estados Unidos, por ejemplo. Esa grandeza no es el fruto de la riqueza en tierras, materias primas (...) sino el fruto de la grandeza del alma de los líderes que moldearon la nación. Cuando Lincoln defendió el derecho, a la vida y a la libertad de los esclavos negros de América, también se enfrentó con muchas Floridas y Praderas. Muchos intereses económicos y políticos que consideraban eran superiores a la vida y a la libertad de un puñado de negros. O Lincon ganó y quedó impreso en el colectivo de esa nación prioridad de la vida del ser humano sobre cualquier otro interés.

En Colombia todavía tenemos que pensar de dónde venimos, quiénes somos y a dónde queremos ir. Yo aspiro a que algún día tengamos esa sed de grandeza que hace surgir a los pueblos de la nada hacia el sol. Cuando seamos incondicionales frente a la defensa de la vida y la libertad de los nuestros, es decir cuando seamos menos individualistas y más solidarios, menos indiferentes, más comprometidos, menos intolerantes y más compasivos (...) entonces creo que ese día seremos la Nación grande que todos quisiéramos que fuéramos.

Esa grandeza está ahí dormida en los corazones, pero los corazones se han endurecido y pesan tanto que no permiten sentimientos elevados. Pero hay mucha gente que yo quisiera agradecer, porque está contribuyendo a despertar los espíritus y a engrandecer a Colombia. No puedo mencionarlos a todos, al presidente Alfonso López y, en general, a los ex presidentes liberales. Pero el presidente López porque su muerte ha sido especialmente dolorosa para nosotros. También he lamentado no poder volver a abrazar a Hernán Echavarría; de quien tanto aprendí, a quien tanto le debo. Sea este el momento para manifestarle mi admiración y profundo afecto. A las familias de los diputados, de Juan Carlos Narváez, C. Alberto Giraldo, C. Alberto Barragán, Alberto Quintero, A. Charry, Nacianceno Orozco, Rufino Varela, Héctor Fabio Arismendi, Ramiro Echeverri, John Jairo Hoyos, Edison Pérez. A cada uno lo tengo en mis oraciones y no los olvido ni un minuto, como un homenaje a la vida, que me queda en mí y que les pertenece a ellos.

Mamita, ya vinieron por las cartas. No voy a alcanzar a escribir todo lo que quisiera. A Piedad y a Chávez, todo, todo mi afecto y mi admiración. Nuestras vidas están ahí, en el corazón de ellos que sé que es grande y valeroso. Al presidente Chávez, yo quisiera contarle tantas cosas, y sobre todo, cómo disfruto de su manera de ser espontánea y generosa, cuando lo oigo por la radio en Aló Presidente. Me tocó cuando llegaron los niños vallenatos a cantarle. Fue un momento sublime de ternura y hermandad en los colombianos y venezolanos. Gracias por haberse interesado por una causa que es la nuestra y que es tan poco llamativa porque el dolor ajeno, cuando hace parte de las estadísticas no le interesa a nadie. Gracias Presidente.

Gracias también a Álvaro Leyva. Estuvo él cerca pero las fuerzas que abogan contra la libertad de este puñado de olvidados es como un huracán que todo lo quiere derribar. No interesa. Su inteligencia, su nobleza y su constancia, ha hecho reflexionar a muchos y aquí más que de la libertad de unos pobres locos condenados en la selva, se trata de tomar conciencia de lo que significa defender la dignidad del ser humano. Gracias Álvaro.

Gracias a Lucho Garzón por su compromiso, su compasión, su generosidad y su constancia. Aquí también las luciérnagas encendieron la selva a la hora del concierto. Aquí también contamos con voz de la esperanza.

Gracias a Gustavo Petro por recordarnos con fotos en el re... y en sus discursos y cada vez que puede. Y lo mismo a tantos amigos que nos ayudan con sus comentarios de apoyo y de ánimo, desde el Polo y el Partido Liberal, Gracias a todos por no dejar al olvido, por no resignarse al olvido de los secuestrados (...).

(...) Gracias a quienes no han dejado de abanderar la causa de la libertad. En especial a Julio Sánchez Cristo(...) a Daniel Coronell (...) a Juan Gabriel Uribe (...) y es que nosotros les debemos demasiado a los medios. Es por ellos que no nos hemos vuelto locos en la sola soledad de la selva. A Erwin Hoyos (...) agradecimientos constantes y acumulativos por el programa la voces del secuestro, cuyas miles de horas transmitiendo mensajes de nuestras familias equivalen a miles de horas de receso a la angustia y a la desesperanza. Dios lo bendiga. Lo mismo a Nelson Moreno, Hernando Obando y Manuel Fernando Ochoa y todos los miembros de la "carrilera de las 5" (... ) también quiero decirle a Darío Arismendi que todos aquí somos concientes y agradecemos su empeño en mantener nuestro recuerdo vivo. Gracias por mantener la mano tendida. Su voz es la única verdadera fuerza para salir vivos de aquí porque es la voz que reclama y pide cuenta (...) A Juan Gossaín, cuantas veces hemos sentido que el sufrimiento nuestro él lo entiende y lo hace suyo, y lo siente, y lo transmite, haciendo que esta prueba que nos tocó vivir quede aliviada con la compañía de millones de colombianos (...) en los amigos de Todelar, en C. Guillermo Troya y todo su equipo hemos encontrado interés y compromiso (...) quisiera nombrarlos a todos pero se me acabó el tiempo... no quiero despedirme sin mandarle un abrazo fraternal a Monseñor Castro, lo mismo que al padre Echeverri. Siempre han estado dando la batalla por nosotros. Siempre han hablado cuando el silencio y el olvido nos tapan más que la selva misma (...).

Mi corazón también le pertenece a Francia. Y el también "mon coeur apartient a la France. Ma douce France qui m´a tant donné''. Escribo en español para no crear suspicacias que dificulten el tránsito de esta carta. Cuando pienso en Dios y pienso en su bendición sobre todos nosotros, pienso en Francia. La providencia busca expresarse a través de canales de sabiduría y de amor. Desde el inicio de este secuestro Francia ha tenido la voz de la sabiduría y del amor. Nunca se ha dado por vencida, nunca ha aceptado el paso del tiempo como la única solución, nunca ha claudicado en la defensa de nuestro derecho a ser defendidos. Cuando la noche es la más oscura, Francia fue el faro. Cuando era mal pedir por nuestra libertad, Francia no se calló, cuando acusaron a nuestras familias de hacerle daño a Colombia, Francia les dio apoyo y consuelo. No podríamos creer que es posible salir algún día libre de aquí si no conociera la historia de Francia y de su pueblo. Le he pedido a Dios que me nutra de la misma fuerza con la que Francia ha sabido soportar la adversidad para sentirme más digna de ser contada entre sus hijos. Quiero a Francia con el alma, las raíces de mi ser buscan nutrirse de los componentes de su carácter nacional, siempre buscando guiarse por principios y no por intereses. Quiero a Francia con mi corazón porque admiro la capacidad de movilización de un pueblo que como caminiuos, entiende que vivir es comprometerse. Hoy Francia se ha comprometido por los secuestrados en las selvas de Colombia, como también lo ha hecho por An Sang Su Ki o por Ana Polikouskaya. Siempre en búsqueda de la justicia, de la libertad, de la verdad.

Quiero a Francia con mi reflexión, porque hay en Francia la elegancia de la constancia para que no parezca terquedad, y la generosidad del compromiso para que no caiga en la obsesión. Mi amor incondicional eterno a Francia y al pueblo de Francia es la mejor expresión de mi gratitud. No soy digna ni merezco el cariño que me han brindado y me siento muy poca cosa para si quiera aspirar al respaldo de tantos corazones. Me tranquilizo pensando que el compromiso de Francia es el compromiso con otro pueblo que sufre, es el derecho de auxiliar a otros seres humanos ante el dolor. Es la decisión de actuar frente a lo inaceptable, porque definitivamente todo lo que ha sucedido es simplemente inaceptable. Todo lo que ha sucedido acá es inaceptable.

El presidente Chirac nos acompañó durante muchos años. Siempre firme, siempre claro, siempre compasivo. A él y a Dominique de Villepin, los llevo en mi corazón, todos estos años han sido terribles, pero no creo que podría seguir aún viva sin los compromisos que nos brindaron a todos los que aquí vivimos muertos.

El presidente Sarkozy ha tomado el liderazgo de profundos cambios en Francia. Estoy convencida que la fuerzas de sus convicciones y la nobleza de sus sentimientos alumbran corazones y mentes. Sé que lo que estamos viviendo está lleno de incógnitas, pero la historia tiene sus propios tiempos de maduración y el presidente Sarkozy está parado sobre el meridiano de la historia. Con el presidente Chávez, el presidente Bush y la solidaridad de todo el continente, podríamos presenciar un milagro.

Durante muchos años he pensado que mientras esté viva, mientras siga respirando tengo que seguir albergando la esperanza. Ya no tengo las mismas fuerzas, ya me cuesta mucho trabajo seguir creyendo, pero quiero que sientan que lo que han hecho por nosotros ha hecho la diferencia. Nos hemos sentido seres humanos. Gracias.

Mamita, tendría más cosas para decirte, explicarte que hace tiempo no tengo noticias de Clara y de su bebé. Dile a Pinchao que te dé detalles. Él te contará todo. Es importante que valores lo que te comenta y tengas la posibilidad de poner distancias.

Sé que has tenido contacto con la mamá de Marc Gonzalvez. Él es una persona demasiado especial, de una gran calidad humana. Dile que le mande mensajes por la carrillera, ellos oyen el programa. Yo creo que todos lo hacemos. Ya estoy con otro grupo, pero quiero mucho a Marc, para que le cuentes a Jo que su hijo está bien.

Bueno, no quisiera despedirme. Dios quiera que llegue esto. Te llevo en el alma mi mamita linda. Una última recomendación: cualquier cosa económica que Astrid lo maneje (estilo premios o cosas así).

También he pensado que si mi apartamento está vacío y si no se pagan las cuotas, por qué no te vas para allá? Por lo menos eso sería una preocupación menos. Si algo me quieres comentar por radio algo que sea personal, dímelo en francés, para que yo capte de que me vas a hablar y si quieres en español podríamos hablar del "tío Jorge" por ejemplo, y yo entendería. Bueno mamita, Dios nos ayude, nos guíe, nos dé paciencia y nos cubra.

Por siempre y para siempre. Tu hija.

sábado, 1 de diciembre de 2007

“ASCENDER MIENTRAS LOS GIGANTES DESCIENDEN; DESCENDER MIENTROS ELLOS SON LA CÚPULA”

MAIASTRA

Lucía Estrada

El Tambor Arlequín. Medellín. Marzo de 2004. 74 pp.

I. MOUTH OF GHOSTS

Lo mejor no es cuando se busca, sino cuando se encuentra.

El Petardo de Baja Intensidad que, literariamente, se ha estado viviendo en Colombia, desde hace un poco menos que una década tiene sus gratas sorpresas: escritores que le huyen a la rimbombancia de la farándula cultural, y narradores que, sin un asomo de vergüenza, se sienten incapaces desde su orilla natural y le endilgan la Misión de salvaguardar la escena (¿la esencia?) a la Poesía. La propuesta no es nueva, y para rastrear sus primeros atisbos, tendría que asomarme a la historia misma de la humanidad, y como ya el bueno de T.S. Eliot lo dijo, repetiré sus palabras: “Todo comenzó con el sonido del tambor”.

La situación en la que me encuentro, y aquellos que siguen con leve atención esta sinuosa figura lo saben muy bien, es un tanto crítica. Supongamos que soy un anfibio y estamos en temporada de sequía. Mi condición natural me hace sobrevivir en condiciones extremas pero, claro, todo tiene un límite. Supongamos que he cruzado esa línea de fuego y misterio. Y, supongamos, si algo no sucede en las próximas dos horas, los inclementes rayos mortales del sol harán mella con mi recipiente orgánico. Soy un anfibio, recuérdenlo, así que es posible que me interese o me importe un comino el que vaya a morir. Es decir, me importa un pito sí tengo que seguir leyendo o no Lit. Col. Porque justo eso era lo que me sucedía. En esas dos horas de última espera llegó, gota de agua o en palabras de ella, “bosque de huesos”, Lucía Estrada, visitante ya de esta casa.

Tratar de entender en un seminario el significado de la palabra Poesía, es un atrevimiento. Ni siquiera llevando un tenaz registro de aquello que va aconteciendo tras las lecturas de los principales bardos que hayan pisado este planeta de arena. Pero, volviendo a la frase inicial de este issue, aunque no logré alcanzar una definición, sí logré ubicar una diferencia y, eso, para estos tiempos que corren, es lo más cercano a una conclusión, sí es que las hay.

Lucía Estrada es una Poeta, y aunque su corta edad le esta desarrollando una cruel batalla con su espíritu y el resultado va en tablas, es claro que sus poemas pueden llegar más alto, atendiendo, por ejemplo, que “Maiastra” está firmado en 2001. Y esa catalogación, Poeta, lleva a, tras leer a muchos de los narradores que promedian la edad de nuestra invitada (1980), comprender lo que aquellos renunciantes habían predicho cuatro o cinco años atrás: “Sí esperan algo literario digno de ser conservado para la posteridad, búsquenlo en la poesía”. ¿Está muerta la narrativa? No, simplemente, aquí en Colombia, mucha de ella esta en estado de coma, tal como sus autores, claro está.

A veces, buscar un silencio natural para desarrollarse como autor, equivale a encontrar su propio destino.

II. THE PERFECT DESIGN

“Entro en la fiebre. Desde mi ventana veo el nacimiento de los mares, colinas que la espuma reviste, novias muertas, sumergidas. Temo ser encontrada con esa visión.”

57 capítulos de esta intensidad y, tras romper la superficie, ya no se es la misma persona. Sobrevivir es un enigma. ¿Cómo recoger los pedazos que van quedando en el camino? Las mismas palabras son las encargadas de formar el tejido arácnido que coagula la caída. Leucocito simbólico, “palabra de hueso”, camino o recorrido humano, poesía.

La escritora yace transformada, forma vital para alcanzar esta sustancia y transmitirla limpia, pura.

“Mira dónde apareces, sujeta al muro, entre las hendijas, tan pequeña que sólo el ojo de la poesía te percibe.”

“Maiastra”, que en rumano significa maravilloso, es un recorrido, acaso, onírico, que parte desde lo orgánico, toca lo espiritual, y aterriza, de nuevo, en el cuerpo, dormido aún de quien cuenta, de quien camina.

Recientemente, Carlos Monsiváis decía, ante la pregunta de sí ya había otra Rosario Castellanos, que era lo más probable, y sumaba a esa lista, los nombres de Alfonso Reyes y de Carlos Fuentes, pero aclaraba que importaba poco si había seres capaces de reemplazar a esos originales, si no encontraban a los lectores que los elevaran a la categoría que se merecían.

¿Se descubrió lo suficientemente a Lucía Estrada, o simplemente se le destapó?

El camino que debe seguir una escritora es largo y arduo, y todo parece apuntar que, tres años después de publicado este tomo, el velo ha quedado muy bien guardado y las palabras están viajando con una fuerza y un ímpetu tal, que se clavan en las pieles desnudas y dispuestas de los afortunados lectores que se hallan en estado de gracia listos a atender los poemas de la antioqueña.

¿Pero a quién reemplazará Lucía Estrada si atendemos el llamado de Monsiváis? Espero que a nadie, es decir, que lo haga con ella misma y continúe agotando las etapas diversas que se le van presentando como pruebas de supervivencia en el terreno exacto de la vida.

“¿Cuánto tiempo estuviste esperándonos?”, parecen preguntarle las mismas palabras. Y ella, tras esperar lo suficiente, responde “nada ha cambiado, salvo el momento de mirar y comprender”, lo que explica lo que me preguntaba en el primer capítulo de este issue. “Mirar y comprender” quiere decir, ser lo que se es, buscar la propia voz, atender el llamado natural, luchar por el propio camino, ser, al fin de cuentas, “hijos de la intuición”.

III. CALCULATING INFINITY

“Cada tiempo, alguien reinventa las ciudades, las que amó, las que imaginó. Somos ese tiempo. Es nuestro turno.”

¿Quién despertó a Lucía Estrada de esta modorra literaria que nos cubre casi por completo?

¿En dónde estarán aquellos magos y magas que han escapado de la maldición del ensueño y hacen lo que deben hacer, y en ocasiones, hasta más?

¿Estaremos vivos para cuando alguien o algo los descubra?

¿Sabremos atender ese, su, llamado?

Por el momento, el turno de los Verdaderos Guerreros de las Palabras esta saliendo a la superficie con esta bella y joven chica, y sólo puedo agradecer que tal acción haya ocurrido, y que de alguna manera, mi espíritu, haya pedido alcanzar dicha orilla y haya quedado contento, y, como en el ejemplo de mi yo anfibio, haya sido, el llamado, vital para continuar con vida y con la suficiente fuerza, a través de esta sequía, hasta que vuelva a habitar el palacio de las lluvias.

Es un desierto, parece ser un desierto.

“Dentro de ti mi vegetación”

Y así, sobrevivo.

Gracias, Lucía.