sábado, 17 de mayo de 2008

THE WORLD KEEPS TURNING

TODO PASA PRONTO

Juan David Correa Ulloa

Alfaguara. Bogotá. Noviembre de 2007. 204 pp.

I. Dementia Access

¿Cuándo se alcanza la madurez?

¿Existe alguna señal, algún indicio?

¿Algún truco?

Por lo menos tengo conocimiento de que para el ser humano la cosa funciona más o menos así: la mielinización de los nervios que cruzan nuestro cerebro, es decir, el momento en que los nervios que se establecen en nuestro eje de operaciones se cubren totalmente de una ligera y brillante capa de una sustancia parecida a la miel y que señala que aquella persona ya está destinada y preparada para cumplir a cabalidad su función vital.

Claro, eso de que sucede a los 18 años o a los 21 o a la edad que sea es un embuste, porque a cada persona le corresponderá lo que su estamento fisiológico le indique, y estamos hablando de elementos genéticos que no tengo el interés en tratar en este espacio; o por lo menos, no hoy.

¿En qué momento, entonces, la Lit. Col. alcanzó la madurez?

O dicho de otro modo, ¿la Lit. Col. ya alcanzó la madurez?

Como no quiero ni pretendo dar una respuesta que puede sonar ligera, dejaré en las manos de mis lectores el acertijo de tal inquietud.

(Nada más brumoso que entrar en un terreno que puede ser espinoso.)

II. Idiosyncratic

¿Qué papel juega Todo pasa pronto dentro de la ecuación que nos corresponde vivir como lectores furiosos?

Uno al que se le debe prestar atención, indudablemente.

Habíamos dicho, hará un par de meses, que El olvido que seremos era el título que más se estaba acercando a un ente canónico en las aguas que han corrido bajo el puente desde la salida de Cien años de soledad.

Pues bien, la primera obra del hasta hoy mejor conocido como editor de una revista cultural, no desentona con el propósito que Abad Faciolince tuvo al crear su –posiblemente- obra maestra.

Y no lo hace, porque contiene un elemento par en la propuesta del ya conocido escritor antioqueño: la humildad por recoger los pasos dados en el pasado.

Lo que no quiere decir, para nada, que se trate de una apropiación de una idea previamente expuesta.

Egipcios y aztecas, por ejemplo, construyeron las pirámides casi en el mismo período histórico.

Lo que me lleva a pensar que, con tanto repaso infantil en la reciente Lit. Col. algo se viene cocinando, a fuego lentísimo, en las más oscuras entrañas de quienes tengan la absoluta misión de subirnos un par de peldaños dentro de ese destinador llamado Literatura.

Los japoneses son una cultura que, de la lejanía que nos separa, nos parece un tanto curiosa debido a esas pequeñísimas diferencias con los latinos por ejemplo.

El respeto que le signan a sus antepasados es de órdago. Y se ve reflejado en tribvtos que no quieren decir copia.

Un haikú puede ser protagonizado por una mariposa, pero doscientos años después, cambia el lepidóptero a una libélula.

Y lo repito: no es copia, es una manera muy respetuosa de demostrar ese misterioso amor que se siente por alguien que recorrió los mismos caminos mas no las mismas aguas que se cruzan en ese presente de arena.

Algo así está sucediendo en Colombia.

Ungar, Burgos, Posada, Silva…y ahora se suma Correa a un Coro que –siendo atrevido- parece estar dirigido por un espíritu que busca desenmascarar algunos sórdidos aspectos infanciales con el único propósito firme y tanto de acero como de cristal, para que el Manitu se de el precioso regalo de la libertad y empiece a crecer dentro de eso que cobija a tantas personas que se dedican a narrar.

III. Awake (To a life of misery)

Todo pasa pronto es la historia del décimo cumpleaños de Pablo, un 13 de Noviembre de 1982 en la por entonces oscura ciudad de Bogotá.

Algo ha sucedido dentro del seno familiar, y mientras el asunto se trata en la sala de la casa a la que el núcleo de Pablo ha debido llegar de afán, él ve con profundo quiebre cómo se han olvidado de celebrar su nuevo cumpleaños, lo que indica, para él, que una época de inocencia ha terminado por completo y que el paso del Tiempo ahora le empezará a hacer mella en sin que nada lo pueda evitar.

Pablo ha tenido, a sus dos años de vida, un accidente, lo que lo ha llevado a sufrir de un problema de tipo neurológico que lo desconecta del tiempo real que se vive como ser humano, lo que lo enfrenta a un delirante temor: el perder la memoria para siempre, por lo que opta por hacer un pacto silencioso y misterioso con lo único que le puede salvar en medio de la lucha del paso de los años: un cuaderno donde se consignará todo lo que vaya sucediendo dentro de su microuniverso familiar. “El cuaderno, compañero imprescindible”, es una de las tantas referencias a esa tabla de salvación en medio de ese próximo mar de locura en el que se puede convertir la suya vida.

IV. Discordance

“El cuaderno se convirtió en mi laboratorio: no mataba ranas, ni conejos, pero inventaba cómo eran los organismos con los que vivía. Lo hice escuchando cientos de historias. Cada palabra de mamá acostada a mi lado fue tejiendo su historia. Me sentía como un coleccionista de recuerdos que iban a servirme para algo más adelante.”

Ese más adelante, dentro de la novela, es el reencuentro con su padre 20 años después en un capítulo increíblemente desolador. “No le gustan los finales redondos”, y el libro termina en un fractal de Vía Láctea. Para fundirse con ese microcosmos en el que se va cocinando nuestra pequeña fuerza cósmica.

V. Utopia banished

Una Bogotá consignada con un propósito muy neutral. Un momento político delicado que todavía se sigue repitiendo. Una transcripción familiar que pronto dejaría de ser lo que fue. Una facilidad para conmover desde este lado lector. Un secreto, finalmente, develado.

¿Qué más se puede decir al respecto?

Muchas otras cosas sin duda que no seré yo el encargado de desenvolver aquí.

Por lo menos, el parte es de tranquilidad, lo que significa esperanza.

¿En el propio Correa Ulloa?

Quizás, pero me gusta pensarlo en un estamento más grande, volátil e impreciso, y es en nuestra propia literatura.

Sé que últimamente culmino con el compás de espera para no cortar los tiernos brotes que se ven en un territorio que se supone debe ser verde.

¿Pero me queda otra opción?

Michel de Certeau se refería a los escritores como labradores de antaño sobre el suelo del lenguaje. Pero a veces, y por momentos pequeñísimos, son ellos las semillas que ya empiezan a germinar y es eso lo que tenemos la oportunidad de presenciar, es decir, de leer. “Nómadas que cazan furtivamente a través de los campos que no escribieron", continúa el historiador, místico y filósofo francés. Eso somos nosotros. Cazadores, y aquí, por lo menos, con sólo 204 páginas, tenemos para alimentarnos –tribv- un buen tiempo…

1 comentario:

xlacoloniax dijo...

Publicado originalmente en "El Cotidiano", en la columna "Lector Ritual"