sábado, 18 de julio de 2009

LIBRO/CUERPO/ESTADO DEL DESASOSIEGO

MI CUERPO ES UNA CELDA –Una autobiografía
Andrés Caicedo
Dirección y montaje: Alberto Fuguet
Editorial Norma. Bogotá. Octubre de 2008. 299 pp.



“Ahora salgo a buscarte, amor mío”


Ahora, justo cuando el universo de las letras se vuelca en la rutilante figura del escritor, y los satélites alguna vez llamados lectores mutan a una especie de fanáticos, el caleño Andrés Caicedo reafirma esa postura de precocidad que tanto daño le hizo en vida pero que tras su muerte ha ido cobrando sentido y recolectando m+s i m+s sentido, como una suerte de orden en el foso mismo del abismo que creó y dejó para la posteridad.
Cartas, crítica y comentarios de películas, pequeños fragmentos de un no diario, pequeños extractos de cartas y poemas conforman lo que le chileno Fuguet dio en llamar un montaje para hablar de términos cinematográficos.
¿Caicedo daba para más? ¿Caicedo da para tanto?
La respuesta no sólo es positiva, sino que deja la puerta abierta para lo que falta y que Fuguet deja apenas anunciado: los guiones que el colombiano en un seudo ataque de locura intentó vender en Hollywood sin apenas saber inglés.
Desde ese cada vez más cercano 1977, Caicedo Estela ha permeado generación tras generación de colombianos, lo que indica que valió la pena tanto esfuerzo en medio de la desgracia.
Y parte de esa labor de reconocimiento se debe al dúo dinámico conformado por Romero Rey y Ospina que desde la temprana edad de los 80 –esa década- siguió ciegamente la señal brindada por un Faro que de lejos nadie podía apostar a ver.
La insistencia del uno, la manía del otro, hicieron un pequeño incendio estelar que pudo ser captado por la barbaridad del chileno que desde entonces –pleno siglo XXI- no concilio el sueño hasta verse embadurnado de esa soleada estampa –ahora- latinoamericana.
Desde esta posición, obviamente cómoda, se nota el atrevimiento y el sacrificio que deben bandear las personas encargadas de ir en la punta de un camino, cuando todo lo que ven es sólo una pequeña parte de la ruina antes de ser edificada.
Se podría hablar del lado B de Caicedo, una postura tan afín al escritor chileno, pero la serialidad de los post del caleño hacen que cualquier intento macabro de morbo o broma se caigan en su propio peso.
“Ahí está lo mejor de mi obra” dijo el por entonces viejo adolescente al referirse a sus cartas.
Una sensación que –completa- ya había dejado “El cuento de mi vida”, y que ahora vuelve a tomar otro respiro suficiente para dejar las cosas nuevamente instaladas en ese espacio que ya conforma una comarca.
Mito es una palabra que empieza a juntarse a ícono y de esa a canon no se necesita puente para alcanzarla.
Y esas huellas dejadas aparentemente al azar es lo que alimenta esa hoguera hoy en día, cada vez más visible desde cualquier punto –por el momento- en español.
Esa universalidad desde el tormento de la adolescencia, para algunos el eje central del Rock, es lo que confunde a veces.
Quisiera decir que es madurez del pueblo, y puede que así lo sea; pero las cosas quedan claras frente a la otra obra del caleño, la narrativa.
“¿Será muerte vivir tanto?”
A veces cuando las cosas se aceptan, no le queda más a los precursores que sentir el rumor que recorre el camino lentamente hasta su tumba.
Y a veces todo queda como un recuerdo tibio, una sensación de verdad, de una confianza fresca que se renueva tras cada lectura, así ambas partes –autor/lector- compartan, desnudos, el mismo destino misterioso.
El Fuego como preámbulo a lo Inmortal.

1 comentario:

xlacoloniax dijo...

Publicado originalmente en "El Cotidiano", en la columna "Lector Ritual"