lunes, 6 de junio de 2011

"Rastros de sustancia viscosa"

LA TRANSFORMACIÓN

Franz Kafka

Debolsillo. Barcelona. Febrero de 2005. 122 pp.

(Cuando un escritor muere, generalmente, deja algo escrito. Algo que o bien solamente él mismo conoció o bien las personas más cercanas. Casi siempre, lo deja escondido o guardado en alguna parte de su cuarto, de su habitación, de su casa. Y más allá, hay intenciones que uno como un simple ser humano jamás de los jamases podrá entender, albergar, abarcar con su corto entendimiento. ¿Sin agentes literarios será posible aquello? Y la siguiente que me pide pista: ¿Hay hoy en día posibilidades de ser un escritor oculto? ¿Habrá talentos que ninguna editorial ose descubrir hasta que se calmen las aguas palpitantes del capitalismo mercenario? No he comenzado con la susodicha entraña impresionista que he de llamar reseña para que me den el puto cheque que me hará sobrevivir, a lo sumo y si me porto bien, una semana más, y ya divago...Ya estoy muy alejado de cualquier pinche protocolo como para que me tomen en serio las demás publicaciones culturales a sus anchas de esta parte -en español- del planeta. ¡Ja! ¡Ja! ¡Jajaja!)

(Pero aparte del caso de Bolaño: ¿Cinco? ¿Seis? libros póstumos, por no ahondar en la herida de la memoria histórica, pretendía referirme a Andrés Caicedo y a Fernando Pessoa, cuyas obras mayoritarias descansaban en un baúl y, en el caso del portugués, dan ciertos dolores de cabeza ochenta años después de su fallecimiento al pretender indagar en su última voluntad y desintegrar las letras escritas de su puño y letra. Y obvio, el emblemático caso de Franz Kafka, que a todos nos concierne, nos guste o no, lo leamos o no, lo entendamos o no, lo promulguemos o no.)

(Lo que me parece fantástico con la obra de un autor, de un escritor, es la multiplicidad de posibilidades que brinda y los sudores que hace padecer a los investigadores lampreas que tratan de alimentarse de las cenizas que suelta cada una de las lecturas...¿El poder de la palabra? A lo mejor...No sé ustedes que piensen de ello, pero a mi me da un montón de risa al imaginar la decisión de Brod que, bien salvó lo sagrado, y eso que provocó en cuestión de segundos: los análisis psicoanalíticos de la obra del praguense son tan insanos -todo penes, vaginas, penetraciones- que mejor vale la pena revisar la versión que Crumb hace de Kafka -for beginners, losers-)

(La editorial S. Fisher, volviendo al cauce del cuento -nuestra brújula la compramos en una tienda de segunda mano muchísimo antes de que comenzara esa vagabundería de Piratas del Caribe y el personaje de Jack Sparrow se volviera tema de fácil conversación -¡Y qué dirán los psicoanalistas desocupados al respecto!--decidió revisar las fuentes originales y reimprimir todo una vez más de una cierta forma más fidedigna y real, más acertada y con mejor puntería, o por lo menos, con la tecnología que el tiro al blanco permite en nuestros días, hablando desde mediados de los años 80's. Borges debe seguir sonriendo en su macabra tumba suiza...Y es así y no de otra forma que llegamos a cambiar el mito de la Metamorfosis por el más simplón, trágico y cercano de la Transformación. Pobretones los que no siguen las prácticas de antaño y son incapaces de leer en sus idiomas originales: ruso, eslovaco, alemán antiguo, Shakespeare, dialecto punk de los 60's, Keith Richards...)

(De esa traducción anónima (números 24 y 25 de Revista de Occidente (1925) de la que hemos bebido todos alguna vez, a la de Borges -circa 1938-, a la tan correctísima que aburre de Aira en 2004, y finalmente a la veloz e hiperdinámica y "planeadora" de del Solar, muchas lecturas han pasado por debajo del puente. Pero no seamos crueles con los ausentes...Solo seré capaz de leerla cuando los susodichos planetas se alineen y una versión ilustrada de forma macabra y verdaderamente terrorífica -como si fuese 1915- nos haga palidecer de emoción; de verdad; de miseria; de soledad;...
¿Pero qué queda ahora por contar? ¿Ahora que a nadie le dará por comprarse un baúl para guardar lo verdadero?)

(Así que, dicho de otro modo, a leer la multiplicidad se dijo, aquí nadie ha dicho la última palabra, y cada vez que crucemos una hoja y no podamos contener la risa, sepamos dejar una marca en la pared sin correr los muebles.

¿Si escribo con mi pene y mi semen es demasiado invisible para coger fuerza?

¿Y si mis vaginas son sólo simulaciones de esas novelas que ya nadie escribe pero que se siguen haciendo por la fuerza de la costumbre?

¿Y si cada una de mis fantásticas eyaculaciones de récord mundial se esfuman en formato poema?

¿Y si esa mierda de la poesía no es más que un requisito para más y más mariconería?

¿Y si contraigo otra enfermedad por follar sin la suficiente confianza en esos antros donde la humedad desvalija las paredes y las cicatrices son solamente le inicio del camino y a uno lo sedan hasta dejarlo en la purita piel?

¿Qué es, dime, qué es escribir hoy en día estando en la inmunda e innecesaria abadía anónima?

¿Habrá alguien que nos defienda?)

(Kafka lo hizo. Para qué agregar más leña al fuego que nosotros no empezamos?

Al sumergirme en la piscina olímpica número dos del centro recreacional y deportivo de alto rendimiento, entendí que el único contacto que iría a tener con el mundo exterior iría a ser mi piel...

Luego soñé algo más y me quedé dormido.

Ronqué y reí en el sueño....Ronqué y reí dormido...Al despertar lo había olvidado todo...)

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